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21 de Marzo de 2014
medioambiente

Nuevos gases amenazan la capa de ozono

Descubiertas cuatro nuevas sustancias dañinas para nuestra protección natural contra la radiación ultravioleta.

Imagen de la capa de ozono encima de la región antártica, en el año 2006. Los colores azul y rojo corresponden a la zona con mayor escasez, el verde y el amarillo a la con mayor abundancia del gas. [NASA]

Parecía que el cumplimiento del tratado internacional del Protocolo de Montreal, ratificado en 1987 por la mayoría de los gobiernos de todo el mundo, había logrado reducir el agotamiento de la capa de ozono. Pero ahora, más de dos décadas después de aquella firma histórica, un nuevo estudio sugiere que cuatro nuevos gases antropogénicos están contribuyendo a su erosión.

Hasta ahora, se había demostrado que siete tipos de clorofluorocarburos (CFC) y seis de hidrofluorocarburos (HCFC), utilizados sobre todo para el funcionamiento de los pulverizadores y las neveras, contribuían a la destrucción de la capa de ozono, una protección natural localizada en la estratosfera terrestre que filtra los rayos solares de radiación ultravioleta dañinos para el organismo humano. Por esta razón, el Protocolo de Montreal estableció una drástica reducción en la emisión de ambas familias de gases.

La medida llevó a una paulatina recuperación del ozono estratosférico, pero el nuevo descubrimiento, publicado en fecha reciente en la revista Nature Geoscience, sugiere que tres CFC y un HCFC siguen amenazándolo. Los niveles actuales de emisión no se habían observado nunca desde que se empezaron a aplicar las normas previstas por el Protocolo de Montreal. Con todo, los resultados mostraron que los cuatro compuestos comenzaron a acumularse en la atmósfera en 1960 y, antes de 2012, su cantidad total ascendió a más de 74.000 toneladas (un valor pequeño en comparación con el más de un millón de toneladas de otros CFC que se producían cada dos años en el decenio de los ochenta).

Para llegar a estas conclusiones, los autores del estudio analizaron la composición de muestras de aire no contaminado recogidas en Tasmania entre los años 1978 y 2012, y de nieve firn (que se encuentra en un estado intermedio entre nieve y hielo glacial) correspondiente al año 2008 y procedente de Groenlandia, mediante la técnica de la cromatografía de gases por detección espectrométrica de masas. Según sus análisis, los nuevos gases podrían proceder de los productos utilizados para fabricar insecticidas y disolventes para la limpieza de componentes electrónicos, aunque su origen es aún incierto.

Pese a las reducidas concentraciones encontradas, los autores del trabajo recuerdan que es fundamental vigilar continuamente la composición de los gases atmosféricos, pues las cantidades registradas no concuerdan con las declaraciones contenidas en el Protocolo de Montreal.

Más información en Nature Geoscience.

—IyC

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