13 de Septiembre de 2022
Cambio climático

Olas de calor más frecuentes y extremas

Las temperaturas sin precedentes alcanzadas este verano en muchas regiones del planeta han sobrepasado las previsiones de los modelos climáticos. ¿Qué cabe esperar en el futuro?

Las olas de calor favorecen los incendios forestales, como los que han arrasado España, Francia, Grecia y Alemania este verano. [Nilesh Shah/iStock]

Este verano, inusitadas olas de calor han azotado diversas partes del mundo, desde Londres hasta Shanghái. En junio, Tokio soportó temperaturas de más de 35 grados Celsius durante nueve días seguidos, la ola de calor más severa que ha sufrido el país desde que comenzaron los registros oficiales en la década de 1870. A mediados de julio, el Reino Unido pulverizó todos los récords, cuando las temperaturas se dispararon por encima de los 40 grados Celsius por primera vez desde que se recogen datos. Entretanto, los incendios forestales favorecidos por el calor asolaron regiones de España, Francia, Grecia y Alemania. Y China ha afrontado varias olas de calor generalizadas, entre ellas una que afectó a más de 400 ciudades a finales de julio.

Los climatólogos llevan tiempo advirtiendo de que el calentamiento del planeta hará que las olas de calor sean cada vez más frecuentes y comporten temperaturas más altas. Sin embargo, el futuro ha llegado más rápido de lo que temían los expertos, en especial en el oeste de Europa, que constituye un foco de olas de calor, según un estudio publicado en julio. Estos episodios no son solo más habituales e intensos: se trata de eventos sin precedentes que desafían las predicciones de los modelos climáticos. Los investigadores se han lanzado a examinar los detalles de las olas de calor acaecidas este año para comprender mejor cómo nos afectarán las temperaturas extremas de ahora en adelante.

«Por supuesto, la comunidad científica había considerado la posibilidad de que se produjeran estos eventos», comenta Eunice Lo, climatóloga de la Universidad de Bristol que ha estudiado la ola de calor del Reino Unido. «Aun así, parece mentira que haya llegado a suceder.»

Temperaturas letales

El calor excesivo es una de las consecuencias más letales del calentamiento global. Ocasiona muertes directas, por ejemplo, entre las personas que trabajan al aire libre. Además, sobrecarga las redes eléctricas, interrumpiendo el suministro en momentos donde el aire acondicionado o los ventiladores resultan esenciales para subsistir en los hogares recalentados. Se calcula que la ola de calor que asoló Europa en 2003 acabó con la vida de más de 70.000 personas. Y los períodos de calor extremo pueden exacerbar otras catástrofes, como los incendios forestales, y tener graves repercusiones sobre la salud mental.

Aunque las olas de calor llevan ya algunos años yendo a peor, los estudios sobre los casos más exagerados experimentaron un gran avance tras la ola que golpeó la región norteamericana del Noroeste del Pacífico en junio de 2021. Aquel episodio fue tan extraordinario que redefinió la investigación sobre los eventos de calor extremo, señala Vikki Thompson, climatóloga de Bristol. En un artículo publicado en mayo, ella y sus colegas mostraron que, desde 1960, solo se habían registrado en todo el mundo cinco olas de calor más intensas, en cuanto a la desviación respecto al clima de la década anterior. Según Thompson, a tenor de las temperaturas registradas en el Noroeste del Pacífico en los años anteriores, parecía «totalmente inverosímil» que pudiera ocurrir una ola de calor sin precedentes. Y, no obstante, se produjo, impulsada sobre todo por un centro de altas presiones que canalizaba aire caliente, junto con unas condiciones del suelo más secas de lo normal en gran parte de la región.

Expectativas superadas

La ola de calor del pasado julio en el Reino Unido no llegó a ser tan severa, pero, aun así, podría pasar a la historia como el evento que concienció a una nación sobre los peligros del calor extremo. Los días 18 y 19 de julio, una amplia franja del país padeció temperaturas sin precedentes, que en muchos casos excedieron en 3 o 4 grados Celsius la máxima histórica. Cuarenta y seis estaciones meteorológicas registraron temperaturas por encima del anterior récord del Reino Unido (que se situó en 38,7 grados Celsius hace apenas tres años) y se estima que murieron cientos de personas.

Fuente: Servicio Meteorológico Nacional del Reino Unido (<a href="https://www.metoffice.gov.uk/about-us/press-office/news/weather-and-climate/2022/july-heat-review">Met Office</a>)

Los científicos lo habían pronosticado hasta cierto punto. Un análisis basado en modelos climáticos que se publicó hace dos años concluyó que era posible, aunque no probable, que el Reino Unido sobrepasara los 40  grados Celsius en las próximas décadas. No obstante, ha sucedido este año, con un nuevo récord nacional de 40,3 grados Celsius.

El hecho de que los termómetros hayan rebasado esa cifra mucho antes de lo esperado podría deberse a que los modelos climáticos no recogen todas las variables que influyen en las olas de calor y, por lo tanto, no son capaces de predecir con total fiabilidad los eventos de calor extremo. La variación de determinados factores, como el uso del suelo y la irrigación, afecta a las olas de calor de maneras que aún no quedan completamente reflejadas en dichos modelos. Y eso implica que, en ocasiones, los pronósticos pueden subestimar el impacto real del cambio climático.

Un reciente análisis a cargo del grupo de investigación internacional World Weather Attribution halló que el cambio climático antropogénico había multiplicado al menos por diez las probabilidades de que se produjera la ola de calor de este año en el Reino Unido. El estudio también concluyó que el episodio habría registrado temperaturas entre 2 y 4 grados más bajas en ausencia de calentamiento global.

«Eso vuelve a confirmar que hay aspectos que probablemente no logramos captar con nuestros modelos», admite Peter Stott, climatólogo de la Met Office (el Servicio Meteorológico Nacional del Reino Unido) y coautor del artículo de 2020 sobre ese país. «Es una cuestión que hay que investigar.»

La ola de calor de este año en el Reino Unido podría servir (al igual que la que sacudió el Noroeste del Pacífico en 2021) como catalizador para entender por qué estos episodios son más intensos de lo esperado, opina Erich Fischer, climatólogo de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich. En un estudio con modelos publicado el año pasado, Fischer y sus colaboradores pronosticaban que, en las décadas venideras, los eventos climáticos extremos batirían las marcas anteriores por un amplio margen. «Y eso es justo lo que estamos observando», recalca.

Estudiar hasta qué punto se pulverizan los registros, y no solo si se alcanzan nuevos récords, puede ayudar a las autoridades locales a prepararse para los tipos de eventos extremos que cabe esperar en un futuro próximo, sostiene Fischer.

Cambio dinámico

Más allá del Reino Unido, las olas de calor se han sucedido este año en buena parte de Europa. De hecho, el continente ha experimentado temperaturas históricas varias veces en el último quinquenio, como señala Kai Kornhuber, climatólogo de la Universidad de Columbia y coautor del estudio que identificó la especial propensión del oeste de Europa a las olas de calor. En las últimas cuatro décadas, el calor extremo se ha ido intensificando entre tres y cuatro veces más rápido que en otras regiones de latitudes medias del hemisferio norte.

Eso podría deberse a que la corriente en chorro, un flujo de aire que se desplaza hacia el este sobre el Atlántico Norte, a menudo se bifurca al acercarse a Europa. Cuando eso ocurre, las dos ramas que se generan pueden alejar las tormentas del continente y permitir que se desarrollen olas de calor persistentes. Aún no está claro si el cambio climático favorece la formación de esos «chorros dobles», pero este fenómeno está detrás de muchos de los episodios de calor extremo que ha sufrido recientemente el oeste de Europa, incluido el de este mes de julio.

Según Kornhuber, otros aspectos similares de la dinámica atmosférica podrían ayudarnos a comprender qué factores provocan que las olas de calor sean aún más extremas de lo esperado.

Olas sincronizadas

Otro hecho llamativo de los últimos meses es que se han producido eventos de calor extremo a la vez en varias partes del mundo. A finales de julio, mientras se achicharraba Europa, China y el oeste de Norteamérica también soportaban temperaturas más altas de lo normal. De acuerdo con un estudio publicado en febrero, entre 1979 y 2019, esas olas de calor simultáneas se hicieron seis veces más frecuentes en el hemisferio norte.

Fuente: <a href="https://earthobservatory.nasa.gov/images/150083/heatwaves-and-fires-scorch-europe-africa-and-asia">Observatorio de la Tierra de la NASA</a>.

Una de las razones podría radicar en las ondas de Rossby, patrones de circulación atmosférica que dibujan una forma serpenteante alrededor del planeta. Esas ondas propician la aparición de sistemas climáticos estancados en ciertas zonas, que se vuelven propensas a los episodios de calor extremo. Este fenómeno quizá se esté volviendo más común a causa del calentamiento global, o quizá no. Pero el riesgo de que concurran olas de calor simultáneas, sin relación con los patrones atmosféricos, crece a medida que cambia el clima, apunta Deepti Singh, climatóloga de la Universidad Estatal de Washington en Vancouver. «El planeta entero se está calentando, y eso eleva las probabilidades de que aparezcan regiones de calor extremo», añade.

Además, las olas de calor se están adelantando en ciertos lugares, como la India y Pakistán, que experimentaron temperaturas sofocantes de marzo a mayo. Algunas zonas de la India superaron los 44 grados Celsius a finales de marzo, mucho antes de los meses que suelen ser más calurosos. Murieron al menos 90 personas. Esta ola de calor habría sido 30 veces menos probable sin el cambio climático, según las estimaciones de World Weather Attribution.

Mientras las temperaturas globales continúan en ascenso, los climatólogos reiteran la importancia de reducir las emisiones de carbono y de aumentar nuestra capacidad para adaptarnos a las temperaturas extremas. La ola de calor del Reino Unido supuso una seria llamada de atención sobre la vulnerabilidad del país al calor excesivo, señala Stott. Tras décadas trabajando en predicciones climáticas, lo que más le alarmó fue ver cómo los incendios forestales, avivados por el calor, se propagaban por las áreas urbanas de Londres. «Realmente me dio que pensar y me impactó que estuviera ocurriendo algo así.»

Alexandra Witze/Nature News Feature

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Nature Research Group.

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