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30 de Enero de 2018
astrofísica

Pero ¿y cómo se aterriza en Europa?

Parece que la superficie de esa luna de Júpiter es muy poco consistente, muy poco densa.

Parece que la capa más externa de la superficie de Europa tendría una densidad bajísima:la compondrían partículas finísimas y, con un 95 por ciento de vacío, sería sumamente porosa [NASA/JPL/Ted Stryk].

En Europa, satélite de Júpiter, quizá no se debería intentar un aterrizaje. Su superficie es tan porosa que hasta una pequeña sonda espacial la haría ceder y correría riesgo. O, al menos, eso es lo que quizá se sigue de los estudios de laboratorio de Robert Nelson, del Instituto de Ciencia Planetaria, en Pasadena, California, y sus colaboradores, tal y como explican en Icarus. El equipo se ha ocupado de la consistencia y reflectividad de «análogos de regolito planetario muy reflectante» (el regolito es la capa de material que recubre los planetas y lunas rocosos). Con los datos que han obtenido predicen la estructura probable de las superficies de cuerpos celestes realmente existentes en el sistema solar, y han obtenido así valores sorprendentes para, entre otros astros, Europa.

En general, parece que Europa está recubierta, como algunas lunas y asteroides helados, así 44 Nysa o 64 Angelina, de una capa formada por partículas sumamente finas y, sin embargo, enormemente porosa. Solo esa mezcla de propiedades dispersa las ondas electromagnéticas incidentes tal y como se observa en esos objetos celestes; explica, por ejemplo, que a determinados ángulos la radiación incidente se refleje con polarización negativa. Un aterrizaje en Europa (siempre se habla de esa luna como un objetivo para futuras misiones de exploración del sistema solar) requeriría una planificación especial.

Nelson indica al respecto que con el método de su equipo y las observaciones de Europa en longitudes de onda visibles solo se pueden obtener conclusiones referidas a los micrómetros superiores de la superficie: qué espera debajo, solo se puede conjeturar. Esta incerteza recordará a los veteranos del espacio la época del primer aterrizaje en nuestro satélite, el de la sonda Luna 2 en 1959. Entonces había miedo, muy en serio, a que una sonda, o luego un eventual astronauta, despareciese allí para siempre, hundida en metros de polvo.

Jan Osterkamp / spektrum.de

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de  Spektrum der Wissenschaften.

Más información en phys.org.

Referencia: «Laboratory simulations of planetary surfaces: Understanding regolith physical properties from remote photopolarimetric observations», de Robert M. Nelson et al. en Icarus, volumen 302, 1 de marzo de 2018, págs. 483-498.

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