21 de Noviembre de 2012
NEUROCIENCIA

Personalidad y efecto placebo

Vinculan los rasgos de la personalidad con el efecto placebo: cuanto más hostil se es, menos probabilidad de que surtan efecto los medicamentos «falsos».

Imagen creada a partir de los datos recogidos mediante tomografía por emisión de positrones que muestran las áreas cerebrales con niveles de analgésicos naturales opioides mu en voluntarios sanos. Estos recibieron una inyección dolorosa seguida de un placebo. [Laboratorio Zubieta; Universidad de Michigan]

Si usted es una de esas personas que lidia con las adversidades y que ayuda a otros congéneres sin esperar nada a cambio, es probable que un placebo, es decir, una sustancia farmacológicamente inerte, le alivie el dolor. Investigadores de la escuela de medicina de la Universidad de Michigan, de la Universidad de Carolina del Norte y de la Universidad de Maryland acaban de concluir que la personalidad puede influir en el efecto placebo. De hecho, los autores han demostrado que los propios analgésicos químicos que contiene el cerebro responden al dolor de manera distinta según la personalidad de cada sujeto.

Así, si su temperamento se corresponde al de una persona constantemente enojada y más bien hostil, el placebo le producirá escaso efecto.

Dolor, cortisol y placebo

Los autores han llevado a cabo el estudio con cerca de 50 voluntarios sanos, hombres y mujeres, con edades comprendidas entre los 19 y 38 años. Solicitaron a los probandos que respondieran a una serie de pruebas psicológicas estándar ideadas para identificar los rasgos de personalidad de cada individuo. A continuación les indicaron que se tumbaran en un escáner de tomografía por emisión de positrones (TEP). Una vez yacían en el tubo de neuroimagen, los investigadores advirtieron a los voluntarios que iban a experimentar cierto dolor a causa de una inyección de agua salada en su músculo maxilar. Asimismo les indicaron que en algunos momentos se les inyectaría un analgésico (en realidad se trataba de un placebo) que les aliviaría el dolor. Pidieron a los participantes que clasificaran cuánto alivio esperaban sentir antes de que empezara el experimento.

Durante un período de 20 minutos, los voluntarios recibieron la inyección de agua salada y el «analgésico» de forma alternada. Se les preguntó en repetidas ocasiones cuán efectivo creían que era el analgésico. A través de las imágenes de TEP, los científicos observaron la cantidad de opioides endógenos (analgésicos naturales) que se liberan en ciertas áreas de su cerebro bajo las condiciones de dolor o del falso medicamento. Durante el experimento, también extrajeron sangre de algunos de los voluntarios y midieron sus niveles de cortisol, hormona asociada con el estrés.

Tras las pruebas y mediante un análisis estadístico, los autores determinaron el modo en que los rasgos de personalidad influían en el nivel de dolor, en la respuesta química del cerebro y en los niveles de cortisol de los probandos. Si bien los rasgos de personalidad y el efecto del placebo no parecían influir en los niveles de cortisol, sí mostraron su efecto en relación a la activación de los opioides endógenos, así como en la intensidad de dolor.

A mayor resilencia, más alivio

 Las conclusiones muestran que casi una cuarta parte de la respuesta al placebo se explica en relación a unos determinados rasgos de personalidad: la capacidad para recuperarse de las adversidades (resilencia), la honestidad, el altruismo, la ira y la hostilidad. Otros rasgos temperamentales no parecen hallarse vinculados con dicho efecto.

 «Empezamos este estudio no solo buscando mediciones que pudieran parecer más relacionadas con las respuestas de placebo, como la impulsividad o la búsqueda de recompensas, sino para explorar ampliamente las asociaciones potenciales sin una hipótesis particular», apunta Jon-Kar Zubieta, uno de los autores del trabajo. «Terminamos encontrando que la influencia mayor provenía de una serie de factores relacionados con la capacidad individual para recuperarse de las adversidades, para soportar y superar los estresores y las situaciones difíciles. Las personas con estos factores fueron las que mostraron la capacidad mayor para tomar la información ambiental [el placebo] y convertirla en un cambio en la biología».

Con todo, los autores advierten de que los resultados se desprenden de una muestra de unas escasas docenas de voluntarios sanos, por lo que se requieren experimentos más amplios y diversos que confirmen estas conclusiones. De ser así, el hallazgo podría contribuir en la investigación de fármacos nuevos y otros tratamientos. Además, según señala Zubieta, podría tener implicaciones para la relación médico-paciente. En este sentido, los sujetos que presentan ciertos rasgos de personalidad y tendencias de respuesta al placebo podrían ser más propensos a cooperar con su médico y a discutir cualquier preocupación sobre sus respuestas al tratamiento.

El equipo prevé ampliar su estudio en pacientes con depresión, además de explorar la forma en que la genética, al igual que la personalidad, influye en el efecto placebo.

Más información en Neuropsychopharmacology

Fuente: Universidad de Michigan / EurekaAlert!

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