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9 de Noviembre de 2020
Medioambiente

¿Por qué el cesio de Fukushima ha disminuido más deprisa de lo esperado?

La concentración del isótopo radiactivo ha disminuido en los lugares afectados por la catástrofe nuclear más deprisa que en Chernóbil. Esta «depuración por sí mismo» del terreno ha llamado la atención de los investigadores, pero no ha ocurrido por igual en todas partes.

La central nuclear Fukushima Diichi, que sufrió uno de los peores accidentes nucleares de la historia tras el terremoto y tsunami del 11 de marzo de 2011 [Ministerio del Territorio, Infraestructuras, Transporte y Turismo].

El isótopo cesio 137 que se liberó en el accidente nuclear de Fukushima ha ido desapareciendo del medioambiente más deprisa que el de Chernóbil. Así lo cuentan Yuichi Onda, de la Universidad de Tsukuba, en Japón, y sus colaboradores en Nature Reviews Earth & Environment. Según este grupo de investigadores, son varios los factores que explican esa evolución más rápida: grandes lluvias fueron uno de ellos, pero también cuentan las medidas adoptadas para retirar del medioambiente el isótopo.

Pero la desaparición del isótopo no sucede al mismo ritmo en unos puntos y en otros. En los bosques es donde se conservan de modo especial mayores cantidades de cesio en las capas superiores del suelo y en las aguas contaminadas. A los especialistas les ha sorprendido esa «depuración por sí mismo» del terreno, según dicen Onda y sus colaboradores. Las observaciones subsiguientes a la catástrofe de Chernóbil hacían pensar que el elemento se mantendría mucho más tiempo en el medioambiente.

A causa de su larga semivida y de que es relativamente fácil que ingrese en el cuerpo, se considera que el cesio es el más peligroso de los isótopos radiactivos que se liberaron en Fukushima. La zona más intensamente contaminada se extiende por una estrecha franja hasta unos 50 kilómetros de la central nuclear, hacia el noroeste. El Gobierno japonés declaró a esos lugares particularmente afectados zona de descontaminación; allí se retiraron los cinco centímetros superiores del suelo de uso agrícola. Gracias a esa medida, la cantidad de radioisótopos disminuyó, según una investigación, en dos tercios, y según otras, hasta en un 90 por ciento.  

En otras zonas, sobre todo en las montañosas, donde las aguas corren deprisa (por ejemplo, las lluvias intensas que en septiembre de 2011 trajo el tifón Roke), estas se llevan el isótopo de los suelos a los ríos. Con ello, la concentración de cesio en el medioambiente disminuyó ya en el primer año mucho más de lo esperado. Pero no ocurrió lo mismo en todas la superficies: en los bosques las cantidades de cesio 137 siguen siendo especialmente grandes, como muestra la investigación. Y sobre ellos se precipitó alrededor de dos tercios del cesio que desprendió el accidente nuclear. Hay varias razones por las que los bosques almacenan mejor la radiactividad. Por un lado, en ellos resulta más difícil arrancar grandes extensiones de suelo, así que esas superficies no se descontaminan, en el sentido técnico de la palabra. Por otro lado, el suelo está más protegido de las lluvias fuertes y de la erosión. Como escriben Onda y sus colaboradores, la concentración del cesio en los ríos disminuye muy lentamente por el almacenamiento duradero en los bosques.

La contaminación radiactiva en el entorno de la central nuclear en los primeros días de abril de 2011, poco después del desastre [Administración Nacional de Seguridad Nuclear<span> (NNSA); Departamento de Energía de Estados Unidos</span>].

Lars Fischer

Referencia: «Radionuclides from the Fukushima Daiichi Nuclear Power Plant in terrestrial systems», de Yuichi Onda et al., en Nature Reviews Earth & Environment (2020).

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