Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

11 de Octubre de 2016
SENTIDOS

¿Por qué los olores se perciben mejor con la nariz que con la boca?

La respuesta se halla en el distinto modo en que el epitelio olfativo reacciona ante los estímulos olorosos de ambas procedencias.

[Jenny Downing, Flickr/Creative Commons 2.0]

La razón por la que los olores que percibimos cuando respiramos se reconocen mucho mejor que cuando masticamos una sustancia se debe al distinto funcionamiento de las células del epitelio que recubre la cavidad nasal. Lo ha demostrado un equipo de investigadores dirigido por Thomas Hummel, de la Universidad Técnica de Dresde, tras analizar la respuesta eléctrica de esas células en varias personas a las que se les presentó distintos olores, bien a través de la nariz, o bien a través de la boca.

Los humanos percibimos los olores a través de la nariz (una capacidad a la que se refiere como olfato ortonasal), pero también a través de la boca (olfato retronasal), cuando se liberan moléculas olorosas en la cavidad nasal durante el proceso de masticación y deglución.

Según Hummel, el olfato retronasal, aunque no es tan sensible, representa un aspecto peculiar del sistema olfativo porque permite evaluar los olores en el interior del cuerpo, en vez de hacerlo con sustancias que se hallan en el entorno. El olor retronasal se suma a la experiencia de comer o beber, ya que evoca sensaciones diferentes a las del olor ortonasal. También contribuye a evitar daños cuando ingerimos por accidente sustancias potencialmente nocivas.

El equipo de Hummel utilizó la electroolfactografía (una técnica similar a la electrocardiografía o la electroencefalografía) para evaluar cómo reaccionaba el epitelio que reviste la cavidad nasal ante sustancias que se inhalaban o que se introducían en la boca.

El experimento se realizó en seis hombres y cuatro mujeres a los que se insertó un electrodo tubular en la cavidad nasal hasta unos siete centímetros de profundidad. A continuación, se registró la reacción del epitelio ante tres olores: alcohol feniletílico, sulfuro de hidrógeno y dióxido de carbono.

El revestimiento epitelial respondió más a los estímulos ortonasales que a los retronasales, lo que indica que los primeros se perciben con mayor intensidad que los segundos.

Los resultados concuerdan con la idea de que los olores de los alimentos y de los líquidos, que suelen percibirse a través de la masticación y de la deglución, se hallan típicamente en concentraciones más altas que los percibidos de forma ortonasal, para que puedan ser captados de manera adecuada.

«En comparación con el olor inhalado de un alimento determinado, como el queso, la liberación del olor de ese mismo alimento dentro de la boca es más alto debido a la salivación, el calentamiento y la masticación», explica Hummel. «En estas condiciones, la percepción retronasal puede ajustarse a un mayor intervalo de concentración de olores que el olfato ortonasal.»

«Ello indica que las diferencias entre el olfato ortonasal y el retronasal pueden iniciarse tan pronto como en la mucosa», añade Hummel. El investigador concluye que los hallazgos apoyan las investigaciones anteriores que demuestran que la intensidad de los estímulos físicamente idénticos es ligeramente inferior después de la estimulación retronasal.

Más información en Chemosensory Perception

Fuente: Springer

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.