12 de Mayo de 2022
Lenguaje

Por qué maldecir aumenta el rendimiento físico

Soltar palabrotas ayuda a motivarse y a superarse, sobre todo durante actividades que requieren esfuerzo físico y si esas expresiones ofensivas se acompañan de humor.

Repetir una palabrota durante el ejercicio físico aumenta el humor, la distracción y la autoconfianza. [PEOPLEIMAGES/ GETTY IMAGES/ ISTOCK]

Las palabras malsonantes no solo pueden resultar ofensivas para algunas personas, sino que también pueden aliviar el dolor y aumentar el rendimiento físico. En especial, si se combinan con el humor. A esta conclusión ha llegado un equipo dirigido por Richard Stephens, de la Universidad de Keele, según publica la revista Quartely Journal of Experimental Psychology. Los autores comprobaron que cuando los participantes maldecían durante ejercicios de mantenimiento físico, soportaban la actividad durante más tiempo.

Para su estudio llevaron a cabo dos experimentos, en los que 174 voluntarios realizaban actividades de esfuerzo físico (entre ellas, flexiones con los pies apoyados en una silla). Antes de cada ejercicio, se les pidió que repitieran una palabrota o una palabra neutra durante 10 segundos. A un grupo de participantes se les indicó qué  blasfemia («joder») debían pronunciar de manera reiterada, así como el término neutro que debían decir; a los demás voluntarios se les permitió elegir ambas expresiones.

Desde hace tiempo se sabe que blasfemar ejerce un efecto positivo en el rendimiento físico, pero en nuevo estudio ofrece una explicación novedosa del porqué sucede. Según constataron los investigadores, las blasfemias produjeron un mayor «efecto de  energía» en los participantes que se regocijaron repitiéndolas. «Identificamos varias formas psicológicas por las que este fenómeno ocurriría. Todas se hallaban relacionadas con una disminución del autocontrol o un dejarse llevar», explica Stephens. Pero el humor, el lado divertido de las palabrotas, resultó ser el factor más importante.

La llamada «inhibición conductual» se encarga de que dejemos de realizar ciertos comportamientos en cuanto se vuelven gravosos, como una actividad deportiva extenuante. Los psicólogos sospechan que la alegría desactiva ese «amortiguador cerebral» y, de esta manera, nos ayuda a superar el umbral del dolor. Así que, ya sabe: la próxima vez que se le escape una palabra malsonante en el gimnasio, dispone de una buena excusa: «Decir palabrotas ayuda. Está científicamente demostrado.»

Anton Benz

Referencia: «Effect of swearing on strength: Disinhibition as a potential mediator». Richard Stephens et al., publicado en línea en Quartely Journal of Experimental Psychology, 2022.

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