24 de Octubre de 2012
ECOLOGÍA

Predicción de incendios forestales a largo plazo

Se ha analizado la influencia de la variabilidad climática interanual y estacional en los incendios producidos en verano en los bosques mediterráneos.

[Lotus R./ Wikimedia Commons]

En un trabajo liderado por investigadores de la Universidad de Barcelona, se ha analizado el impacto de la variabilidad climática interanual y estacional en los incendios producidos en los bosques de Cataluña. El estudio concluye que los incendios forestales de verano, además de estar vinculados a las condiciones climáticas de la estación estival, también lo están a las condiciones anteriores, sobre todo del invierno y la primavera del mismo año y de dos años atrás. La explicación se basa en que las características previas de precipitación y temperatura influyen en la humedad y la estructura de la vegetación, así como en la cantidad de combustible acumulado. A partir de las correlaciones encontradas, el estudio aporta un modelo que puede aplicarse en predicciones a largo plazo. 

Factores de riesgo

Los incendios forestales son procesos complejos asociados a factores de varios orígenes, como el clima, la meteorología, los factores humanos o las condiciones de la vegetación. Puede considerarse que los procesos climáticos actúan como elementos de control, por una parte, de la humedad del combustible —y por lo tanto de su inflamabilidad—, y por otra, del tipo y la disponibilidad del combustible, la llamada estructura.

El periodo analizado ha sido entre 1983 y 2007, en el que se han documentado más de 16.000 incendios y una superficie afectada de 240.000 hectáreas, el 7,5 % del territorio catalán. El estudio ha hecho un análisis estadístico de estos incendios y ha comprobado que las temperaturas mínimas bajas en invierno y en primavera favorecen el aumento del número de incendios forestales, mientras que la extensión quemada depende notablemente de la precipitación recogida desde principios de año, y en ambos casos existe un componente importante asociado a la temperatura de invierno-primavera de dos años atrás.

En concreto, el número de incendios se correlaciona con la temperatura mínima del periodo febrero-junio de dos años atrás, y el número de hectáreas quemadas se correlaciona con la temperatura máxima del periodo marzo-abril de dos años atrás. A pesar de que todavía no está confirmado, parece que esta relación con datos climáticos de dos años atrás tiene que ver con el ciclo de la vegetación de la zona estudiada. Esta relación bienal también se ha observado en otros estudios llevados a cabo en la región Mediterránea.

Un modelo para prevenir incendios a largo plazo

En base a los resultados obtenidos, el estudio ha presentado un modelo de regresión simple que vincula la variabilidad de los incendios a las variables climáticas de la zona estudiada. Con el modelo se pueden obtener predicciones fiables sobre el impacto de la variabilidad climática en los incendios de bosques en verano. Pero hay que destacar que no se trata de un modelo para aplicar en las evaluaciones de riesgo de incendios inmediatos (para ello, ya existen herramientas que tienen en cuenta otras variables, como el viento).

Por otro lado, los investigadores de la UB están trabajando en la aplicación de este modelo para estimar la respuesta de los incendios en diferentes escenarios de cambio climático en Cataluña, asumiendo que las interacciones entre clima, vegetación, actividad humana e incendios no varían significativamente.

Más información en Climate Change

Fuente: UB

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