26 de Junio de 2014
AGRICULTURA

Resistir ante las olas de calor

No labrar los cultivos podría mitigar el efecto de los días más calurosos hasta en dos grados centígrados.

En este cultivo arbóreo se ha aplicado la técnica de acolchado mediante la cobertura del suelo con residuos de poda triturados. [Joan Romanyà, UB]

La agricultura sin labranza, en la que se abandonan los restos de la cosecha en la superficie del suelo y se siembran las semillas en los campos sin arar, podría reducir hasta 2 °C la temperatura en las regiones agrícolas, según ha informado un estudio reciente.

El efecto se debe a que los campos no labrados reflejan una mayor proporción de radiación solar hacia el espacio (albedo), con lo que disminuye la cantidad de calor absorbida por la superficie terrestre. Durante los meses de verano, tales zonas reflejan un 50 por ciento más radicación que las tierras labradas, según mediciones realizadas en campos de trigo de experimentales en la región de Provenza.

La ausencia de labrado repercute en gran medida sobre el clima a escala local, apunta Sonia Seneviratne, climatóloga del Instituto Federal Suizo de Tecnología de Zúrich y una de las autoras del estudio. El efecto resulta especialmente notable en las situaciones extremas: para temperaturas muy altas el enfriamiento es doble que para las medias.

Estudios anteriores habían hallado descensos más leves en los campos sin labrar, aunque habían analizado las temperaturas promedio durante períodos más largos y en zonas más extensas. La modelización de la presente investigación también ha obtenido resultados similares en los días en que las condiciones se mantienen cerca de la media estacional, con tan solo un pequeño enfriamiento (inferior a 1 °C).

Situaciones extremas

Pero en el 1 por ciento de los días más cálidos de verano, como la ola de calor que afectó al sur de Europa en 2003 y mató a más de 14.000 personas, las zonas agrícolas del norte experimentaron una reducción de las temperaturas de 1,6 °C, con una caída superior a los 2 °C en el sur del continente.

A menudo se promueve la agricultura sin labranza porque mitiga la erosión; además, abandonar los residuos agrícolas en la superficie aumenta la retención de humedad por parte del suelo. La práctica también reduce la evaporación, lo que limita el efecto de enfriamiento. Pero los días muy cálidos tienden a ser claros y soleados, por lo que el enfriamiento asociado a la mayor reflectividad resulta muy superior el efecto de la menor evaporación.

Durante el calor extremo, las fluctuaciones de tan solo uno o dos grados pueden representar una enorme diferencia para los cultivos y las personas. Sin embargo, los efectos observados son sobre todo locales y en muchos lugares la agricultura se concentra lejos de los centros de población. El siguiente paso de Seneviratne y sus colaboradores consistirá en determinar a qué escala debería practicarse la agricultura sin labranza para que ejerza un efecto apreciable sobre el clima.

Más información en PNAS

Fuente: Nature

 

 

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