19 de Diciembre de 2022
Contaminación

¿Se han subestimado los microplásticos atmosféricos?

Un análisis realizado en Auckland y que ha empleado un nuevo método capaz de detectar partículas más pequeñas sugiere que el aire de nuestras ciudades podría contener más microplásticos de lo que se creía.

Cuando las olas rompen en la bahía situada frente a Auckland, los microplásticos contenidos en el agua pueden transferirse a la atmósfera. El proceso no solo explicaría la elevada concentración de estas partículas sobre la ciudad neozelandesa, sino que podría suponer un importante mecanismo de transporte de microplásticos a escala global. [DisobeyArt/iStock]

Cada año llegan a la ciudad de Auckland 74 toneladas de microplásticos suspendidos en el aire, lo que equivale a más de tres millones de botellas de plástico. Así se desprende de un análisis realizado por un grupo de investigadores neozelandeses y publicado en Environmental Science & Technology. Las concentraciones atmosféricas sobre Auckland han resultado ser mucho mayores que las detectadas en Londres, Hamburgo y París en los últimos años.

La concentración de microplásticos atmosféricos sobre la ciudad neozelandesa alcanzó una media diaria de 4885 partículas por metro cuadrado, frente a las 771 de Londres (según un estudio publicado en 2020), las 275 de Hamburgo (en 2019) y las 110 de París (en 2016). Sin embargo, esos valores solo son comparables hasta cierto punto, puesto que, hasta la fecha, no existe un método estándar para detectar microplásticos. Por lo tanto, la diferencia observada no implica necesariamente que la contaminación atmosférica por plásticos sea seis veces menor en Londres que en Auckland. Los investigadores sospechan que los análisis anteriores de la calidad del aire no midieron las partículas más pequeñas. En su estudio, emplearon métodos químicos novedosos que permiten detectar microplásticos de hasta 0,01 milímetros (10 micras).

Para realizar su análisis, los expertos capturaron microplásticos atmosféricos en dos puntos de muestreo durante un periodo de nueve semanas. Casi todas las partículas eran demasiado pequeñas para apreciarlas a simple vista. Para detectar las de menor tamaño, el equipo aplicó un tinte que emitía luz en determinadas condiciones. «Cuanto más pequeños eran los tamaños que analizábamos, más microplásticos encontrábamos», explica Joel Rindelaub, químico de la Universidad de Auckland y autor principal del estudio. «Y eso es importante, porque las partículas más pequeñas son las más relevantes desde el punto de vista toxicológico

La gran mayoría de las partículas recogidas presentaban un tamaño de entre 10 y 50 micras, mientras que solo el 3 por ciento superaba las 100 micras. Las partículas más pequeñas, conocidas como nanoplásticos, pueden penetrar en las células, atravesar la barrera hematoencefálica y depositarse en órganos como los testículos, el hígado y el cerebro. Algunos estudios preliminares sobre pulmones humanos indican que los microplásticos circulan por nuestras vías respiratorias, aunque con efectos desconocidos para la salud. «Los futuros trabajos deberán cuantificar con exactitud cuánto plástico estamos inhalando», apunta Rindelaub. «Cada vez tenemos más claro que esta es una vía de exposición relevante.»

Según los autores, una de las razones por las que Auckland podría verse especialmente expuesta a esas partículas es su ubicación. Cuando las olas rompen en el golfo de Hauraki, una gran bahía situada frente a la ciudad neozelandesa, una ingente cantidad de microplásticos pasa del agua a la atmósfera. «La trasferencia de microplásticos al aire a causa del oleaje podría constituir una parte importante del transporte global de estas partículas», subraya Rindelaub. «Y quizás ayude a explicar por qué algunos microplásticos alcanzan la atmósfera y llegan a lugares remotos, como Nueva Zelanda.»

Las fibras liberadas al lavar ropa sintética, los fragmentos de neumáticos arrastrados hasta el mar por las lluvias y las botellas que flotan en ríos y océanos son solo algunos ejemplos de las formas en que el plástico se introduce en el ambiente para luego descomponerse en fragmentos cada vez más pequeños por efecto de la meteorización. La sustancia más detectada fue el polietileno, seguida del policarbonato y el tereftalato de polietileno (PET). El polietileno y el PET se usan como materiales de envasado, mientras que el policarbonato tiene aplicaciones eléctricas y electrónicas. Y los tres se emplean también en la construcción. 

Annette Doerfel

Referencia: «Evidence and mass quantification of atmospheric microplastics in a coastal New Zealand city». Wenxia Fan et al. en Environmental Science & Technology, 2 de diciembre de 2022.

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