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30 de Mayo de 2012
Lingüística

Semántica, pragmática e información

Dos estudios emplean técnicas de teoría de la información para analizar la eficiencia comunicativa de ciertas categorías semánticas y el uso de la lengua.

Las lenguas naturales son códigos que parcelan la realidad en categorías. Aunque parece evidente que una ordenación discreta del mundo hace más difícil comunicar ciertos matices, se supone que ello revierte en una transmisión de información mucho más eficiente. Pero ¿qué procesos llevan a una cultura a decidirse por establecer unas categorías semánticas u otras? En lo que se refiere al uso de la lengua por parte de los hablantes, ¿qué mecanismos impulsan a un individuo a emplear una palabra cuando podía haber utilizado otra para denotar un mismo referente? Ahora, dos estudios publicados en el último número de Science han aplicado técnicas de teoría de la información para abordar estas cuestiones de manera cuantitativa.

En uno de ellos, C. Kemp y T. Regier, de la Universidad Carnegie Mellon, han analizado las principales tipologías terminológicas de parentesco (conceptos como «padre», «hermana de la madre» o «hijo varón del hermano de la madre» en las diferentes lenguas). En principio, el espacio de parámetros del que una cultura dispone para definir las relaciones de parentesco es inmenso: en la nuestra, por ejemplo, «abuela» designa tanto a la madre del padre como a la de la madre, pero otras culturas emplean una palabra distinta para cada una. Por otro lado, nuestras categorías diferencian entre (nuestro) «abuelo» y (nuestro) «nieto», distinción que otras lenguas no siempre hacen.

  • Relaciones de parentesco en diferentes culturas. Colores iguales denotan una misma categoría. [Wikimedia Commons/ZanderSchubert]

A pesar del gran número de posibilidades, ya hacia los años setenta se observó que la mayoría de las lenguas del mundo se acogen a una de entre doce tipologías principales. ¿Por qué? Los autores han llevado a cabo un estudio computacional y han demostrado que, en ese espacio de parámetros, las categorías de las lenguas del mundo se arrinconan en una pequeña esquina en la que se optimiza el compromiso entre simplicidad cognitiva (es decir, que los conceptos que definen resulten sencillos de entender) y eficiencia en la transmisión de la información (pero no demasiado simples, de manera que resulten lo bastante informativos).

En otro estudio, M. Frank y N. Goodman, de la Universidad Stanford, han analizado la pragmática de la comunicación en el contexto del juego de las categorías: entre una serie de objetos a los que uno puede referirse por medio de varias palabras («el azul» o «el redondo» para indicar un círculo azul, por ejemplo), los autores analizaron las que los hablantes tienden a emplear con mayor frecuencia para designar uno de ellos,  y también lo que los oyentes suelen interpretar con más facilidad cuando la emisión es ambigua. Los autores propusieron cierto modelo bayesiano que predecía con un grado más que aceptable el comportamiento observado en los participantes. Según dicho modelo, dado un contexto de información compartida, un hablante intentará ser informativo, pero no más de lo que le exija la situación. Es decir, explotará al máximo lo que él cree que su interlocutor ya sabe.

Más información en Science.

- IyC

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