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10 de Julio de 2020
Astronáutica

Superar en la carrera espacial la conflictividad de Oriente Próximo

El historiador de la ciencia Jörg Matthias Determann reflexiona sobre las dificultades y oportunidades de la misión Marte Esperanza de los Emiratos Árabes Unidos, que despegará el 14 de julio.

Los Emiratos Árabes Unidos van a lanzar una sonda hacia Marte. Entre otras cosas, investigará allí las tormentas de polvo. Aquí se ve una del 6 de junio de 2018 [NASA/JPL-Caltech/MSSS].

Entre los muchos devenires de 2020 que no cabía esperar, podría reconfortarnos que nuestro universo funcione a veces de una manera en alguna medida predecible. Muchas efemérides astronómicas se predicen con certidumbre matemática. Cada dos años más o menos, la Tierra y Marte se encuentran, según trazan sus órbitas, a una distancia mínima entre ellos. Esa proximidad orbital abre una ventana de oportunidad para enviar una nave espacial a nuestro vecino. Este verano nos ofrece una de esas situciones favorables para explorar Marte. Cuatro misiones se proyectaron para que partiesen este año. La misión Rosalind Franklin, conjunta de Europa y Rusia, que debía posar un vehículo en Marte, se ha pospuesto hasta 2022 por culpa de las perturbaciones de la COVID 19. Está previsto que el lanzamiento de la misión al-Amal (La Esperanza) de los Emiratos Árabes Unidos ocurra el 14 de julio. Es la primera iniciativa de este tipo en Oriente Próximo e impulsa las ambiciones de los emiratos.

El nombre de la sonda de los emiratos refleja sus grandes aspiraciones científicas y económicas como potencia espacial emergente. El orbitador no tripulado observará la atmósfera marciana; entre los fenómenos que verá están las tormentas de polvo, tan prominentes en el clima de Arabia. Más en general, la misión de los emiratos persigue avanzar la capacidad tecnológica del país e inspirar a los emiratíes jóvenes para que prosigan carreras de ciencia y de ingeniería. Desde ese punto de vista, la iniciativa es parte también de una estrategia a largo plazo de las naciones del Golfo para apartarse del petróleo y el gas y construir una economía basada en el conocimiento.

Estas ambiciones económicas son inseparables de las políticas. El impulso para crear una economía del conocimiento no solo parte de un deseo de diversificar las fuentes de los ingresos del Gobierno. Al expandir las oportunidades de empleo, los Emiratos Árabes Unidos esperan crear puestos de trabajo para una juventud cuyas frustraciones podrían, si no, crear inestabilidad. Más aún, los proyectos de ciencia de alto presupuesto son exhibiciones simbólicas de liderazgo y poder blando. Un país capaz de complejos proyectos espaciales es un país al que se le asocia con el futuro. Está previsto que la sonda llegue a Marte en 2021. Coincidirá con el quincuagésimo aniversario de la formación de los Emiratos Árabes Unidos.

Si la misión Marte Esperanza tiene tanto que ver con el poder como con la ciencia, ¿podría exacerbar las rivalidades en el Oriente Próximo? Una carrera espacial, ¿podría llevar la carrera de armamento a un nivel mayor en la región? Los canales por satélite, como Al Jazeera, de Qatar, ya han sido objeto de disputas virulentas y los vehículos de lanzamiento iraníes han suscitado preocupación por su potencial militar. ¿Podrían contribuir las naves espaciales a una mezcla explosiva, como hacen los cohetes, los misiles y los drones? La sonda de los emiratos  no tiene armas. Sin embargo, no es descabellado preguntarse si los países de Oriente Próximo no podrían seguir los pasos de Estados Unidos e incorporar las fuerzas espaciales como una de las ramas de sus fuerzas armadas. La tecnología de uso dual, como los cohetes de la carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética durante la Guerra Fría, pueden valer para fines tanto pacíficos como militares. De modo similar, los satélites de observación terrestre pueden usarse lo mismo para la vigilancia medioambiental que para el espionaje.

Los conflictos futuros prolongarían pautas ya existentes en Oriente Próximo. No obstante, cabe tener la esperanza de que la misión a Marte de los emiratos se apartará de esas trayectorias y contribuirá a la paz. Como la mayoría de los grandes proyectos científicos, depende del intercambio y colaboración internacionales. La asociación de instituciones estadounidenses, como la Universidad de Colorado en Boulder, con el Centro Espacial Mohammed Bin Rashid de Dubái ha sido esencial para la construcción de la sonda. Mitsubishi Industrias Pesadas se encargará del lanzamiento, que se efectuará en Japón. No es muy diferente a que Estados Unidos confiase en cohetes rusos para los vuelos espaciales tripulados entre el final del programa del transbordador espacial en 2011 y el vuelo del Demo-2 de SpaceX hasta la Estación Espacial Internacional este mismo año. Puede que la cooperación internacional no resuelva conflictos, pero, como muy poco, la interdependencia tecnológica podría evitar que llegaran a ser demasiado destructivos.

Los Gobiernos de Oriente Próximo deberían extender a sus vecinos las colaboraciones espaciales ya existentes con países lejanos de Asia o Norteamérica. La región tiene muchos recursos que no son petróleo y dinero. Pese a las sanciones, Irán ha acumulado una impresionante experiencia en vehículos de lanzamiento. Qatar sabe cómo llevar canales por satélite con un gran éxito. Israel tienen algunas de las universidades y empresas tecnológicas más destacadas de Oriente Próximo. Incluso Yemen, pese a estar devastado por la guerra, podría aportar sus montañas como lugar para construir observatorios. En las poblaciones de todos los países abundan las mentes muy imaginativas y creativas a las que les gustaría superar los conflictos por territorios o religiones. Ver la Tierra desde el espacio hace que las fronteras nacionales y las particiones sectarias desaparezcan al instante.

El intercambio, la cooperación y la comprensión mutua en el espacio exterior no tienen que partir de cero. Ya hay una serie de foros; habría que potenciarlos más. La Unión Astronómica Internacional y la Federación Astronáutica Internacional llevan organizando encuentros desde hace muchos años. Regionalmente, la Unión Árabe por la Astronomía y las Ciencias Espaciales y la Sociedad Astronómica Árabe hacen lo mismo. La ingeniera y viajera espacial Anousheh Ansari, iraní estadounidense, en sí misma un símbolo del tender puentes que salvan divisorias, apoya a organizaciones como Astrónomos Sin Fronteras. Deberíamos seguir su ejemplo. 

Jörg Matthias Determann/Nature Middle East

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Nature Research Group.

Más información en el sitio en la Red de la misión Marte Esperanza.

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