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  • 07/06/2018

Memoria

Transferir recuerdos, ¿una realidad?

Demuestran, en babosas marinas, la posibilidad de «trasplantar» memorias de un animal a otro. De confirmarse en humanos, los resultados podrían ayudar en el tratamiento de trastornos como el alzhéimer.

eNeuro

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Descubren que mediante la inyección de ARN procedente de babosas entrenadas es posible transferir recuerdos capaces de inducir conductas de defensa en animales no familiarizados con un estímulo amenazante. En la imagen, ejemplar de Aplysia californica secretando tinta a modo de defensa. [Genny Anderson / Wikimedia Commons]

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Un equipo de investigadores de la Universidad de California en los Ángeles podría haber hallado el modo de transferir recuerdos de un organismo a otro. Las conclusiones del trabajo, publicado por la revista eNeuro, bien valdrían como premisa de un relato de ciencia ficción. Sin embargo, de confirmarse, el hallazgo revolucionaría el estudio de la memoria.

Los experimentos se realizaron en moluscos Aplysia californica. Estas babosas marinas, poseedoras de un sistema nervioso central con miles de neuronas, pueden ser «entrenadas», ya que tienen la capacidad de aprender de forma asociativa. Por consiguiente, David L. Glanzman y su equipo aplicaron pequeñas corrientes eléctricas en su cola, hecho que provocó un rápido retraimiento de la extremidad. Tras las primeras sesiones, esta retirada se produjo en respuesta al contacto con la sonda, incluso en ausencia del estímulo eléctrico.

Sorprendentemente, la inyección de ARN aislado del cerebro de moluscos condicionados en animales de la misma especie no entrenados indujo la aparición de una conducta defensiva parecida. Es decir, aun cuando no recibieron descarga alguna, las babosas no familiarizadas con el pulso eléctrico también apartaron la cola ante el más mínimo roce.

Para los científicos, estos resultados sugieren que las moléculas de ARN participan de la formación y almacenamiento de los recuerdos. En concreto, éstas alterarían la expresión de varios genes implicados en el proceso, mediante la introducción de pequeñas marcas, conocidas como modificaciones epigenéticas, que actúan como interruptores.

Algunas hipótesis afirman que la memoria a largo plazo surge como resultado de conexiones sinápticas repetitivas entre neuronas. No obstante, el estudio de Glazman y sus colaboradores refutaría esta teoría, pues demostraría que el origen del almacenamiento de vivencias pasadas se hallaría en el ARN, concretamente en su acción sobre la expresión de distintos genes.

A pesar del notable hallazgo, y su potencial terapéutico en trastornos de la memoria como el alzhéimer, los investigadores se muestran prudentes. El éxito obtenido en babosas, podría no confirmarse en humanos.

Marta Pulido Salgado

Referencia: «RNA from traine Aplysia can induce an epigenetic engram for long-term sensitization in untrained Aplysia», de A. Bádécarrats et al. en eNeuro, publicado el 14 de mayo de 2018.

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