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22 de Mayo de 2019
Fobias

Tripofobia o miedo irracional a los agujeros

Las estructuras porosas desencadenan sensaciones de asco y mareo en algunas personas.

Las personas con tripofobia sienten asco, escozor y náuseas cuando ven imágenes de estructuras agujereadas, como la de una vaina de flor de loto. [iStock/ William Sherman]

¿Siente malestar si observa la imagen de la vaina de flor de loto que aparece sobre estas líneas? De ser así, es probable que sufra tripofobia, es decir, miedo irracional ante la acumulación de pequeños agujeros. Las personas que padecen este trastorno sienten asco ante la observación de determinadas estructuras porosas, como una chapa perforada o un panal de miel. También los patrones irregulares, como las burbujas que forma la espuma del gel de baño o los poros del chocolate aireado, pueden provocarles malestar. Además de asco, escozor y náuseas.

La tripofobia, poco investigada por la ciencia, no está reconocida oficialmente. De hecho, el concepto se atribuye a una mujer irlandesa, quien en 2005 utilizó por primera vez el término en un foro de Internet (en griego, trýpa significa «agujero»). Desde entonces, cada vez más personas se identifican bajo esta descripción; incluso más páginas de Facebook y artículos en línea de los que se piensa atestiguan el fenómeno.

Ante este escenario, científicos de la Universidad de Essex han investigado cuántas personas sufren tripofobia y las causas de este peculiar trastorno. Para ello, mostraron a cerca de 300 sujetos una fotografía en la que aparecía una vaina de semillas de flor de loto, motivo que con más frecuencia se relaciona con la tripofobia. Según hallaron, el 11 por ciento de los hombres y el 18 por ciento de las mujeres afirmaban que mirar la fotografía les provocaba un fuerte malestar. Los hallagos se publican en Psychological Science.

Las causas de la tripofobia

Pero ¿qué provoca la tripofobia? El testimonio de uno de los participantes llevó a los investigadores a una idea. Según explicaba el sujeto, no solo sentía una intensa aversión por los agujeros, sino también frente a determinados animales, como los pulpos de anillos azules (Hapalochlaena). Esta especie de cefalópodo, que se encuentra entre los animales más venenosos de la Tierra, no presenta agujeros sobre la superficie de la piel, pero sí anillos oscuros que recubren su cuerpo y producen esa misma sensación.

En un segundo experimento, los científicos exploraron fotografías, además del mencionado pulpo, de otros nueve animales venenosos, entre ellos la medusa de avispa (Chironex fleckeri), la serpiente taipán (Oxyuranus microlepidotus) y el pez globo. Hallaron una característica en común: la superficie cutánea de estos animales venenosos presentaba contrastes de brillo y de colores, además de una densidad similar de puntos, anillos, manchas o rayas. Asimismo, constataron un fenómeno parecido cuando analizaron las imágenes de objetos agujereados que desencadenan tropofobia. Los autores sugieren que el cúmulo de agujeros en las plantas o en los objetos inanimados que producen los humanos pueden generar una reacción de miedo porque se asemejan al patrón de los animales venenosos y, de esta manera nos alertan inconscientemente de que existe un peligro. Con otras palabras, el miedo a los agujeros podría deberse a una reacción de huída que hemos heredado de nuestros antepasados.

Alertar sobre el peligro

Sin embargo, ¿qué tiene que ver el aspecto de la vaina de las semillas de la flor de loto con las manchas de la serpiente de taipán o el llamativo brillo de la medusa de avispa? Quizá la solución sea más sencilla. A menudo, el temor y el asco van de la mano e intervienen en muchas situaciones diarias para prevenirnos de posibles peligros. Así, un cúmulo de poros nos puede advertir sobre un alimento insalubre o la enfermedad de alguien. El sarampión y la viruela son dos ejemplos de enfermedades contagiosas que se manifiestan con erupciones cutáneas irregulares.

Si usted mira alguno de los vídeos sobre la tripofobia que circulan por Internet para autodiagnosticarse, posiblemente constatará que las imágenes que aparecen resultan cada vez más repugnantes. La vaina de flor de loto y el chocolate aireado, por lo general, se toleran bien. Pero observar como los renacuajos que salen del lomo agujereado de la hembra del sapo de Surinam (Pipa pipa), puede persuadir, incluso a las personas menos propensas a sentir asco, de continuar poniéndose a prueba.

Catharina Vendl

Referencia: «Fear of hole». G. G. Cole y A. J. Wilkins, publicado en línea en Psychological Science, octubre de 2013.

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