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  • 16/04/2018

Biología animal

Un antídoto contra una escolopendra gigante

La identificación del modo de acción del veneno de ciertas especies de ciempiés abre el camino al desarrollo de un antídoto.

PNAS

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El veneno del ciempiés estudiado, Scolopendra subspinipes mutilans, de unos 20 centímetros de longitud, resulta especialmente tóxico.

Si en la región mediterránea los ciempiés o escolopendras suelen ser sinónimo de mordeduras dolorosas, en los trópicos las especies gigantes de estos artrópodos resultan bastante peligrosas para los humanos y dan lugar a numerosas hospitalizaciones. En Hawái, el 11 por ciento de las admisiones en el servicio de urgencias se deben a picaduras de escolopendras. Los principales síntomas que produce la inoculación de su veneno son necrosis local, hipertensión aguda e insuficiencia cardíaca. Ahora, Lei Luo, del Instituto de Zoología de Kunming, y sus colaboradores han descubierto el mecanismo de acción de la sustancia tóxica responsable, llamada SsTx (sigla inglesa de «toxina terrible de la escolopendra»).

La especie estudiada, el ciempiés chino de cabeza roja (Scolopendra subspinipes mutilans), de unos 20 centímetros de longitud, aprovecha sus venenosas picaduras para atacar a presas y depredadores mucho mayores que él. Aunque solo pesa unos gramos, no es raro verlo cazar pequeños roedores diez veces más pesados que él y tomar el control sobre su oponente en unas pocas decenas de segundos.

Al separar y analizar las diferentes sustancias del veneno del animal, los investigadores descubrieron que la toxina peptídica SsTx era la responsable de su virulencia. Esta presenta una secuencia singular de aminoácidos entre las toxinas animales, y los investigadores determinaron que no afecta a una sola parte del organismo: altera el funcionamiento de toda la familia de canales de potasio de tipo KCNQ en las células. Estos canales están involucrados no solo en el sistema nervioso central, sino también en los músculos esqueléticos y en el sistema cardiovascular. Su bloqueo por parte de la toxina del ciempiés provoca la hiperpolarización de las membranas celulares, lo que da lugar a espasmos vasclares que causan necrosis, pero también a alteraciones más generales en el sistema cardiovascular, como la hipertensión aguda y ataques cardiacos. El sistema respiratorio también se ve afectado. Esta capacidad de afectar a varios órganos vitales al mismo tiempo explica en gran parte la efectividad del veneno.

En ausencia de antídoto, el tratamiento de las personas que han sufrido picaduras de ciempiés gigantes se centra exclusivamente en los síntomas. Sin embargo, el descubrimiento del modo de acción de la toxina SsTx ha llevado a la identificación de un posible antídoto: la retigabina, a veces prescrita para luchar contra la epilepsia, ejerce un efecto contrario al de la toxina SSTX, al forzar la apertura de los canales de tipo KCNQ. Los investigadores han demostrado en ratones y macacos que después de una sola inyección de toxina SsTx, la administración de retigabina suprime sus efectos nocivos y restaura el funcionamiento normal del organismo.

Martin Tiano/Pour la Science

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Pour la Science.

Referencia. «Centipedes subdue giant prey by blocking KCNQ channels», Lei Luo et al. en PNAS, vol. 115, n.° 7, págs. 1646-1651, 2018.

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