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27 de Julio de 2020
Glaciología

Un clima solo un poco más cálido derritió parte de la Antártida Oriental

El ascenso del nivel del mar depende también de la estabilidad de las grandes capas de hielo de la Tierra. Ahora, un isótopo de uranio da malas noticias al respecto.

Hielos de la costa de la Antártida Oriental [Jesse Allen y Robert Simmon, Observatorio de la Tierra de la NASA].

Hasta ahora se suponía que la capa de hielo de la Antártida Oriental, la mayor del planeta, estaba bastante a salvo de los efectos del cambio climático. Una serie de indicios, aportados tanto por los modelos climáticos como por las investigaciones en la Antártida misma, parecen mostrar que con unos grados más de temperatura la fusión de esas gigantescas masas de agua helada sería casi inapreciable. Lo cual, hasta ahora, había suscitado la esperanza de que pese al cambio climático antropogénico la Antártida Oriental no desempeñaría ningún papel durante siglos en el aumento del nivel del mar. Pero ahora parece que esta esperanza ha quedado rota.

Terrence Blackburn, de la Universidad de California en Santa Cruz, y sus colaboradores han presentado pruebas de que grandes partes de la cuenca de Wilkes (una vasta depresión en el borde de la capa de hielo de la Antártida Oriental, que la cubre) quedaron libres de hielo entre dos períodos glaciales. Como escribe el grupo de investigadores en Nature, en aquella zona el hielo retrocedió alrededor de 700 kilómetros durante el período cálido interglacial conocido como MIS 11, hará unos 400.000 años. Eso elevó el nivel del mar entre tres y cuatro metros. Pero según parece MIS 11 solo fue entre uno y dos grados más cálido que el siglo XX.

El grupo de investigadores estudió la concentración de los isótopos de uranio-234 en depósitos minerales de la cuenca de Wilkes. Ese producto de la desintegración del uranio-238 pasa de las rocas al agua líquida apresada bajo una capa de hielo, donde se acumula con especial abundancia, mucho mayor que en el agua del mar abierto, que dispersa el uranio. La congelación de agua líquida por debajo de la capa satura la disolución de minerales, que se precipitan. En esos depósitos se puede seguir, pues, la concentración del isótopo del uranio, que depende de la existencia de la capa. Los datos muestran la drástica retirada del hielo durante MIS 11.

Hasta ahora, muchos especialistas pensaban que en ese período el nivel del mar solo fue entre seis y diez metros más alto que ahora, lo cual solo es posible si la Antártida Oriental se mantuvo estable (los diez metros de subida se debieron a que las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida Occidental se derritieron en aquella época en gran parte). Los resultados de Blackburn y su equipo indican que no hubo tal estabilidad, por lo cual ahora resulta verosímil que el nivel del mar durante MIS 11 fuese hasta 20 metros mayor que el actual, con tres o cuatro metros más debidos al hielo de la cuenca de Wilkes y los restantes al de otras cuencas de la Antártida Oriental; pone además en entredicho las cotas superiores que, basándose en los niveles antiguos, se habían supuesto para el aumento del nivel del mar causado por el cambio climático de origen humano.

No es que el hallazgo de Blackburn y sus colaboradores sea del todo sorprendente. Que la masa de hielo de la cuenca de Wilkes podía ser inestable ya se había sospechado en estudios anteriores. Es bien sabido que allí el hielo se asienta en una depresión de cien metros de profundidad que desciende hacia el interior del continente. Solo una barrera de hielo de unos 30 kilómetros de ancho separa esa depresión del mar. Si unas aguas marinas relativamente cálidas empezasen a fluir hacia la depresión, el hielo podría sobrenadar y deshacerse muy deprisa. «Muy deprisa» quiere decir en este caso, presumiblemente, «unos siglos»; nadie que viva hoy, pues, verá mar abierto en la cuenca de Wilkes. Sin embargo, el comportamiento de la capa de hielo de la Antártida Oriental no solo afecta a cuánto suba en total el nivel del mar a largo plazo, si no a cuánto ascenderá, año tras año, en los decenios venideros.

Lars Fischer

Referencia: «Ice retreat in Wilkes Basin of East Antarctica during a warm interglacial», de T. Blackburn et al., en Nature 583páginas 554-559 (2020).

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