Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

19 de Junio de 2020
FARMACOLOGÍA

Un corticoesteroide común contra la COVID-19 grave

Los resultados que han demostrado que la dexametasona reduce la mortalidad en los pacientes graves todavía no se han publicado, pero algunos médicos ya la están empleando.

Un corticoesteroide común, la dexametasona, podría convertirse en un tratamiento barato y eficaz contra la COVID-19 grave. [iStock-digicomphoto]

El pasado martes, los titulares de todo el mundo proclamaron que un corticoesteroide común, la dexametasona, suponía un «gran avance» en el tratamiento de los enfermos más graves de COVID-19. Los hallazgos, anunciados en una nota de prensa, derivan de un gran ensayo comparativo aleatorizado realizado en el Reino Unido. Aunque todavía no se han publicado, los expertos opinan que hay buenas razones para el optimismo.

«Se trata de un enorme progreso, no dudo de su relevancia», comenta Sam Parnia, profesor asociado de medicina y director de investigación de cuidados críticos y resucitación del Centro Médico Langone de la Universidad de Nueva York. Advierte de que ni él ni sus colegas aún no han visto un manuscrito publicado, pero apunta que «los resultados proceden de un grupo muy prestigioso, y el tamaño de la muestra es muy grande».

El ensayo RECOVERY (acrónimo en inglés de «Evaluación Aleatorizada de un Tratamiento para la COVID-19») incluyó a 2104 personas hospitalizadas por la enfermedad a las que se les asignó de forma aleatoria el tratamiento con el corticoesteroide común dexametasona. Este medicamento suele utilizarse para tratar la artritis reumatoide y otras enfermedades inflamatorias. Un grupo de control de 4321 pacientes recibió solo la atención estándar. El fármaco redujo la mortalidad en un tercio entre los pacientes que recibieron respiración asistida y en un quinto entre los que recibieron solo oxigenoterapia. No obstante, no supuso ninguna ventaja para aquellos que no necesitaban apoyo respiratorio.

Dada la velocidad con el que está avanzando la ciencia, y teniendo en cuenta que ya se ha se retirado el uso de varios «tratamientos» muy pregonados, por considerarse ineficaces o perjudiciales, hay buenas razones para proceder con cautela. Los corticosteroides son hormonas que se emplean a menudo para suprimir la inflamación. Pero a veces pueden tener efectos secundarios graves. Si se administran demasiado pronto en el curso de una infección, o se administran a alguien con una infección leve, podrían impedir que el propio sistema inmunitario del paciente combatiera el virus con eficacia. Algunos estudios han empleado corticoesteroides para tratar otros coronavirus, como el SARS (síndrome respiratorio agudo grave) o el MERS (síndrome respiratorio de Oriente Medio), pero hallaron que no resultaban muy eficaces, explica Stanley Perlman, profesor de microbiología e inmunología de la Universidad de Iowa. «Los nuevos datos deben ser sometidos a revisión externa y ser analizados cuidadosamente.»

No obstante, a diferencia del nuevo ensayo, los ensayos de SARS y MERS no fueron del todo aleatorizados y comparativos, y sus datos no fueron de tan alta calidad. Al menos un pequeño estudio sobre el tratamiento de la COVID-19 con corticoides, publicado en mayo en Clinical Infectious Diseases, demostró que mejoraba los resultados clínicos en los casos de moderados a graves. Y los médicos de muchos hospitales han estado administrando a sus pacientes corticoides y notando mejoras anecdóticas.

En la siguiente entrevista,  Randy Cron, profesor de pediatría y medicina de la Universidad de Alabama en Birmingham, destaca la importancia de los hallazgos de RECOVERY y expresa su optimismo sobre el empleo de los corticoesteroides en los pacientes hospitalizados más graves. Cron es experto en «tormentas de citocinas», la respuesta inmunitaria descontrolada que puede producirse en algunas enfermedades, incluida la COVID-19. Aunque los nuevos resultados todavía no se han publicado, sostiene que los corticoesteroides se convertirán en una estrategia terapéutica prometedora por varias razones. «Es probable que funcionen, son baratos y están disponibles en todo el mundo», comenta.

[Sigue una transcripción editada de la entrevista.]

¿Qué opina de los hallazgos recientes anunciados?

Mi impresión general es que los corticoides probablemente ayudarán al mundo. Otros medicamentos son caros y no están disponibles en todas partes. No me sorprendió el anuncio. Ha habido otro estudio en Michigan, no un ensayo aleatorizado sino un estudio histórico comparativo de cohortes [el estudio de Clinical Infectious Diseases de mayo]. También había indicado que los corticoesteroides podrían beneficiar a los pacientes de COVID-19. Ya empleábamos estos fármacos para una variedad de síndromes con tormentas de citocinas mucho antes de que apareciera la COVID-19. Tiene sentido que funcionen en la COVID-19. Ha habido otros estudios (series de casos) sobre el empleo de otros inmunomoduladores, como los inhibidores de la interleucina-1 (IL-1) y la interleucina-6 (IL-6), que también están salvando la vida a personas con COVID-19. El gran mensaje para llevar a casa no es tanto que los corticoesteroides funcionen, sino que el virus es [sólo] el desencadenante. Y realmente lo que está matando a la gente es la respuesta inmune a la infección.

¿No dudaron algunos científicos en emplear corticoesteroides en la COVID-19 por el riesgo de debilitar la respuesta inmunitaria al virus?

La Organización Mundial de la Salud y muchos otros grupos se han opuesto a su uso en la COVID-19. Mucho de ello se basó en los estudios de SARS y MERS (otros coronavirus mortales), pero los datos eran algo contradictorios y muchos no eran de gran calidad. Deben tenerse en cuenta varios aspectos. El momento de administrar el fármaco es importante. También lo es la población a la que va destinado: no debe administrarse a las personas asintomáticas, que se encuentran lo suficientemente bien como para pasar la enfermedad en casa. Los pacientes ideales son los que están lo bastante enfermos como para necesitar hospitalización por problemas respiratorios de COVID-19. Y deben tratarse antes de que necesiten ventilación mecánica invasiva o que requieran cuidados intensivos. En términos de tiempo, los primeros cinco a siete días de síntomas probablemente no se necesite tratar al paciente. Es cuando el paciente presenta problemas respiratorios que requieren hospitalización cuando conviene amortiguar el sistema inmunitario. Seguramente la dosificación es también importante. Tal vez no sea necesario administrar las altas dosis que suelen emplearse para tratar las tormentas de citocinas de otras enfermedades. Las dosis moderadas pueden resultar suficientes. 

La dexametasona y otros corticoesteroides son tratamientos de amplio espectro que mitigan el sistema inmunitario en su conjunto. ¿En qué se diferencian de los medicamentos dirigidos a moléculas específicas del sistema inmunitario, que también se están probando en la COVID-19?

Esta es una pandemia mundial, y no somos inmunes a la enfermedad. Si hasta el 20 por ciento de las personas infectadas necesitan ser hospitalizadas, no va a haber suficientes tratamientos (inhibidores de citocinas) específicos disponibles. En cambio, sí tendremos suficientes corticoesteroides. La desventaja es que provocan más efectos secundarios. Si se dispusiera de esos fármacos más específicos, debería utilizarse con preferencia. Pero en un país donde no se dispone de ellos, los corticoesteroides podrían ser una opción más factible.

¿Qué hay de los efectos secundarios?

Los corticoesteroides son problemáticos, no hay duda de ello. Pero si la elección es entre posibles efectos secundarios y la muerte, los primeros pueden ser un precio relativamente pequeño que hay que pagar.

Los estudios sobre el empleo de corticoesteroides en las infecciones por SARS y MERS demostraron poco o ningún beneficio. ¿Por qué debería funcionar en la COVID-19?

Algunos estudios mostraron que ayudaban; otros, que perjudicaban más que ayudaban. Algunos fueron aleatorizados; otros no. Algunos eran comparativos; otros no. En la COVID-19 los datos nos inundan, mucho más que en el SARS o el MERS en términos del número de infectados.

He hablado con expertos de todo el mundo. Un colega de la Universidad de Temple en Filadelfia explica que su centro ha tratado a más de 1500 personas que no participaban en un ensayo clínico. Todos los admitidos [en el hospital de la universidad] reciben una dosis moderada de corticoesteroides. Muchos pacientes eran del centro de la ciudad y tenían muchas comorbilidades. Aproximadamente el 50 por ciento eran afroamericanos y el 30 por ciento hispanos, grupos que tienen un mayor riesgo de sufrir una  COVID-19 grave. Su tasa de mortalidad ha sido inferior al 7 u 8 por ciento. Estoy bastante convencido [de que los corticoesteroides son efectivos en casos de neumonía grave por COVID-19.

El Reino Unido está empleando la dexametasona como tratamiento de referencia en los pacientes hospitalizados con COVID-19 grave. ¿Está justificada esta decisión?

Probablemente sea mejor tratamiento de referencia que el remdesivir. Veremos si la decisión es correcta. Incluso a los niños que sufren un síndrome inflamatorio después de la COVID-19 les van bien los corticoesteroides.

¿Alguna advertencia?

La mayor preocupación que tengo con los corticoesteroides es que la gente va a empezar a tomarlos en casa, y eso no es nada bueno. Solo están indicados para pacientes hospitalizados bajo supervisión médica.

Con anterioridad hemos visto proclamar otros fármacos para la COVID-19. ¿Por qué este debería ser diferente?

La mayoría de esos tratamientos estaban impulsados por médicos de enfermedades infecciosas, no por médicos que tratan las tormentas de citocinas. Muchos de esos medicamentos eran antivíricos. Van a aparecer más datos sobre corticoesteroides, pero los resultados sobre los antivíricos tardarán más. 

Por supuesto, no podemos saber realmente cuán significativos son los nuevos hallazgos hasta que se publiquen, ¿verdad?

Tendremos que ver los datos. Pero creo que el concepto es correcto.

Tanya Lewis

Encuentra aquí todos los contenidos de Investigación y Ciencia sobre la pandemia de COVID-19. También puedes acceder a los artículos publicados por Scientific American y otras de sus ediciones internacionales a través de esta web.

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.