10 de Noviembre de 2022
Epidemiología

Un mosquito amenaza la lucha contra la malaria en África

Según un nuevo estudio, Anopheles stephensi es el responsable de un brote reciente en Etiopía.

[Jim Gathany/CDC, dominio público]

La llegada al este de África de una especie de mosquito resistente a los insecticidas (Anopheles stephensi) ha provocado un brote de malaria en Etiopía que complica la lucha contra su propagación en África. El 95 por ciento de todas las infecciones se producen en dicho continente. Preocupa el hecho de que el causante sea un mosquito cuyo comportamiento es diferente al de otros portadores.

En los últimos tiempos, ha sido muy difícil controlar los brotes porque los sanitarios y los científicos se han centrado en la pandemia de COVID-19. Entre 2019 y 2020, se produjeron 228 millones de infecciones de malaria en África, lo que supone un aumento del 7 por ciento respecto a períodos anteriores.

Se cree que A. stephensi, típico del sur de Asia, podría ser el responsable de los recientes brotes de malaria que han surgido en el este de África. Según los datos presentados el 1 de noviembre en la reunión anual de la Sociedad Estadounidense de Medicina Tropical e Higiene, este mosquito es el culpable del brote de Dire Dawa (Etiopía).

Para Seth Irish, entomólogo médico de la Organización Mundial de la Salud en Ginebra, «este es un trabajo extraordinario». Según Jaishree Raman, biólogo molecular del Instituto Nacional de Enfermedades Transmisibles de Johannesburgo, los datos presentados son convincentes porque antes de la llegada de A. stephensi, en Dire Dawa las infecciones eran escasas. Este último año se han disparado, pasando de 205 en 2019 a más de 2400 en lo que va de 2022.

¿Qué especie es la responsable?

Para averiguar si A. stephensi es el causante del aumento de malaria en Dire Dawa, Fitsum Tadesse, biólogo molecular del Instituto de Investigación Armauer Hansen de Addis Abeba, y su equipo, reclutaron a 98 residentes que se contagiaron con esta enfermedad. A continuación, examinaron a 213 personas que compartían hogar con los infectados, así como a otras tantas que vivían con no contagiados. Los del primer grupo tenían unas cuatro veces más probabilidades de padecer también la enfermedad.

Los resultados indican que es muy posible que el responsable del brote sea un mosquito. Estos insectos pueden adquirir los parásitos de la malaria de la sangre de un infectado y transmitirlos a alguien que se encuentre cerca. Para averiguar cuál era la especie concreta, el equipo buscó lugares de cría y recogieron ejemplares adultos cerca de las casas de los participantes en el estudio. Alrededor del 97 por ciento de los mosquitos adultos recogidos eran de la especie A. stephensi. Además, encontraron más lugares de cría en los alrededores de los hogares de aquellos que dieron positivo en la prueba de la malaria.

Dado que <em>A. stephensi</em> prefiere los entornos exteriores, es posible que las mosquiteras utilizadas para protegerse de la malaria no sirvan de mucho.
[HarunaSylvester/Wikimedia Commons, Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional (<a href="https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0/deed.es">CC BY 4.0</a>)]

Una de las razones que han preocupado más a los especialistas es que esta especie se reproduce en lugares donde se almacena agua, como barriles o pozos, lo que hace que las zonas urbanas sean su lugar preferido. En cambio, otros mosquitos portadores de la malaria suelen preferir criar en charcos y lagos estancados en entornos rurales. Según Irish, el hecho de que muchas ciudades africanas se están urbanizando a gran velocidad favorece la proliferación de espacios en los que este mosquito se puede reproducir. Para empeorar las cosas, sus larvas son especialmente resistentes, señala Tadesse; el mosquito persiste incluso durante las estaciones secas, a diferencia de otros portadores de la malaria, que mueren al desaparecer sus zonas de cría.

Otro motivo de preocupación es que esta especie prefiere los entornos exteriores a los interiores, lo que convierte en ineficaces algunos métodos convencionales de control, como las mosquiteras y la fumigación doméstica. Para Jan Kolaczinski, director de la unidad de control de vectores y resistencia a los insecticidas en el Programa Mundial del Paludismo de la OMS, «esto dificulta la erradicación de la enfermedad con las herramientas habituales». Dado que A. stephensi también es resistente a insecticidas comunes, como el DDT y los piretroides, Kolaczinski subraya la importancia de plantear otras soluciones para detener la propagación de este insecto. Recomienda que se investigue más el uso de mosquitos modificados genéticamente para evitar su reproducción.

Pradeep Srivastava, antiguo jefe de control de vectores y entomología del Centro Nacional de Control de Enfermedades Transmitidas por Vectores de Delhi, señala que en India también surgieron brotes urbanos de malaria provocados por A. stephensi. Las lecciones aprendidas entonces pueden ser útiles ahora. Una estrategia que ha funcionado es la aprobación de leyes más estrictas sobre el almacenamiento de agua.

Un nuevo enfoque

El riesgo es alto: Yibuti, vecino de Etiopía, estaba a punto de eliminar la malaria en 2012, pero apareció A. stephensi. Desde entonces, las infecciones se han disparado. Solo en 2020 se produjeron más de 73.000. En los últimos años, ya se ha detectado la presencia de este mosquito a miles de kilómetros de distancia, en el norte de Nigeria. En 2019, la OMS emitió una alerta sobre A. stephensi, y este pasado mes de septiembre presentó una iniciativa para detener su propagación.

Según un estudio realizado en 2020, alrededor de 126 millones habitantes de ciudades africanas podrían correr el riesgo de contraer la malaria si este mosquito sigue expandiéndose por el continente. La OMS está coordinando un programa piloto para distribuir una vacuna contra esta enfermedad, aprobada en 2021 para su uso generalizado en niños. La vacuna, que crea anticuerpos contra la especie más mortal del parásito de la malaria (Plasmodium falciparum), se distribuirá, de momento, en Kenia, Malawi y Ghana, y en 2025 estará disponible en otros países donde es endémica.

«No existe una solución mágica» que acabe con este vector de la malaria, señala Tadesse. «Necesitamos adoptar un enfoque diferente.»

Max Kozlov/Nature News

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con el permiso de Nature Research Group.

Referencia: «A new malaria vector in Africa: Predicting the expansion range of Anopheles stephensi and identifying the urban populations at risk»; M. E. Sinka et al. en PNAS, vol. 117, n.º 40, 27 de julio de 2020.

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