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1 de Febrero de 2021
Ciencias de la Tierra

Un raro alud sería la explicación del enigma del paso de Diátlov

Un grupo de esquiadores de travesía murió en 1959 en aquel lugar de los Urales en circunstancias misteriosas. Más de sesenta años después, dos científicos creen haber resuelto la parte central del enigma.

La tienda rota de la expedición, en la nieve, 26 días después del accidente [autoridades soviéticas: incidente del paso de Diátlov].

¿Abducción por extraterrestes? ¿Víctimas del ensayo de un cohete? El destino de una expedición rusa que pereció en los Urales en unas circunstancias desconcertantes ha dado lugar a lo largo de los decenios a conjeturas descabelladas. Siete hombres y dos mujeres acamparon el 1 de febrero de 1959 en el paso de Diátlov (el apellido del jefe de la expedición), cerca del monte Jólat Siajl; semanas más tarde, el grupo de rescate que había empredido su búsqueda encontró sus cadáveres en la nieve. Lo que les había pasado resultaba misterioso. Parecía que las víctimas, expertas en la montaña y el esquí de travesía, habían desgarrado su tienda de campaña y huyeron a toda prisa cuesta abajo, a medio vestir, en plena noche, con una temperatura de 40 grados bajo cero y unos vientos catabáticos feroces.

El grupo de rescate no encontró indicio alguno de qué era lo que les había hecho abandonar su refugio solo para hallar la muerte (salvo, supuestamente, unas extrañas trazas de radiactividad). Algunas de las víctimas sufrieron lesiones en la cabeza y en el tórax, sin que, pasadas esas semanas entre el accidente y el hallazgo de los cuerpos, se percibiese ningún motivo directo de ello.

El caso no ha olvidado nunca y ha seguido habiendo intervenciones oficiales hasta ahora. En junio de 2020, la Fiscalía General, tras revisar las conclusiones alcanzadas en 2015 por el Comité Investigador de la Federación Rusa y efectuar su propia investigación, coincidía con el Comité: se desencadenó un alud, que hizo que el grupo abandonase como pudo la tienda y recorriese más de un kilómetro cuesta abajo. El grupo se fraccionó y no pudo afrontar el frío extremo, la ventisca, la escasísima visibilidad.

Pero todo ello deja preguntas sin responder, según Johan Gaume, de la Escuela Politécnica Federal de Lausana, y Alexandre Puzrin, de la Escuela Técnica Superior Suiza de Zúrich. Las lesiones no eran las típicas en las víctimas de un alud (si bien es posible que los heridos sufrieran un segundo accidente). Y, en especial, el informe oficial no ofrecía ninguna causa que hubiese podido producir la avalancha en una pendiente bastante moderada. Gaume y Puzrin han encontrado un mecanismo hipotético que habría causado el alud y han estudiado su efecto en un cuerpo humano, tal y como explican en Communications Earth & Environment. Los siete hombres y las dos mujeres habrían sido víctimas de un alud improbable, diferido varias horas. Una cadena de circunstancias hizo que una ladera que parecía segura se convirtiera en mortal.

Naturalmente, los especialistas habían examinado la posibilidad de un alud, pero en un principio la pusieron en duda. La expedición acampó, como cabría esperar dado que sus miembros, pese a su juventud, eran expertos, en un lugar en el que parecería muy improbable que hubiese una avalancha. Pero Gaume y Puzrin demuestran en su artículo de la publicación del grupo de Nature que improbable no significa imposible y esbozan las circunstancias especiales por las que en medio de la noche del 1 de febrero de 1959, justo por encima de la tienda, debió de desprenderse una pequeña placa de nieve que hizo que los expedicionarios salieran precipitadamente de la tienda de campaña.

Una cadena de circunstancias desafortunadas

Un factor esencial fue que el grupo excavase una pequeña oquedad en la pendiente para proteger la tienda del viento. Es normal hacerlo y tiene sentido cuando la pendiente es, por encima de la tienda, demasiado pequeña para que haya un alud. Pero aquella pendiente era suficientemente alta para que la nieve, en determinadas circunstancias, pudiese deslizarse, y según los dos investigadores, en el paso de Diátlov los factores necesarios se dieron a la vez. En su opinión, fue precisamente la pendiente relativamente baja la que selló el destino del grupo.

Bajo una capa superior de nieve más cohesionada depositada por el viento había una capa de nieve débil, de la que puede deslizarse fácilmente una placa de nieve. Por desgracia, el ángulo de inclinación de aquella capa caía justo dentro del estrecho intervalo en el que ni era imposible que ocurriese ni ocurrió inmediatamente tras el corte en la nieve, según conjeturan los investigadores.

Además, los fuertes vientos acumularon en la noche más nieve, cuyo peso no solo aumentó la inestabilidad de la capa en la ladera sobre la tienda, sino que modificó su estructura. La capa de nieve cohesionada sobre la capa inestable se adelgazaba en la dirección ascendente de la pendiente, hacia una repisa que había algo más arriba, de modo que la parte más gruesa quedaba casi colgando de un extremo superior más fino, y finalmente se produjo el desprendimiento horas después de que los montañeros hubiesen hecho el corte en la nieve para colocar la tienda.

La placa de nieve que se deslizó era pequeña, pero, en opinión de Gaume y Puzrin, bastó para que el grupo tuviese que salir como pudo de la tienda y también para explicar las lesiones poco corrientes en un alud de nieve; sin embargo, su tamaño fue lo suficientemente reducido para que luego el grupo de rescate no pudiese reconocer ya ninguna señal visual de que hubiera habido una avalancha. Lo que hizo huir a los nueve expertos montañeros apenas vestidos, no lo dicen los dos investigadores. Quizá será una parte del enigma de la catástrofe del paso de Diátlov que perdurará siempre, dicen.

Referencia: «Mechanisms of slab avalanche release and impact in the Dyatlov Pass incident in 1959», de Johan Gaume y Alexander M. Puzrin, en Communications Earth & Environment, volumen 2, número de artículo: 10 (2021).

La catástrofe del paso Diátlov: más de sesenta años en busca de una explicación [Nature Video].

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