8 de Abril de 2022
Arqueología

Una «excavación arqueológica» en el espacio

Delimitan seis espacios de la Estación Espacial Internacional y documentan todos los objetos que pasan por ellos durante dos meses, a fin de investigar la «cultura del astronauta».

Una «zanja» arqueológica en el espacio, delimitada con cinta adhesiva amarilla en las esquinas. [NASA y Proyecto Arqueológico de la Estación Espacial Internacional]

En enero, la astronauta de la NASA Kayla Barron entró flotando en un módulo de la Estación Espacial Internacional con un rollo de cinta adhesiva amarilla y un cometido inusual: preparar la primera de seis «zanjas» para llevar a cabo una investigación arqueológica.

Mientras tanto, los arqueólogos Alice Gorman, de la Universidad Flinders de Adelaida, y Justin Walsh, de la Universidad Chapman de California, observaban desde la Tierra y aportaban sus comentarios. Previamente habían examinado las grabaciones de vídeo existentes para estudiar la cultura del astronauta, pero su experimento SQuARE constituye la primera «excavación» real fuera del planeta.

En la arqueología terrestre, los investigadores suelen registrar cada hueso, fragmento de cerámica o herramienta de piedra que encuentran en zanjas pequeñas y bien definidas. Adaptando esta metodología consolidada, los responsables del proyecto pidieron a los astronautas que sacaran fotografías diarias de una serie de cuadrados de un metro de lado, delimitados con cinta adhesiva. En la Tierra, los investigadores documentaron todos los objetos que entraban en esos seis lugares o salían de ellos durante 60 días, hasta el pasado marzo. «Cada imagen es como una capa de tierra, que retiramos para revelar un nuevo período y un nuevo conjunto de actividades desarrolladas en esa área», ejemplifica Walsh. Las zonas exploradas incluyeron una estación de trabajo, una cocina y la pared situada frente al inodoro estadounidense. Esas «zanjas» estaban llenas de artefactos como tijeras, llaves inglesas, bolígrafos, condimentos, o una de las obsesiones de Gorman: bolsas de plástico con autocierre.

«Mucha gente asocia la arqueología con máscaras de oro, pirámides y esculturas», comenta Gorman, y no con los utensilios, vasijas y demás objetos que se estudian más a menudo. «Esas son las cosas fascinantes de verdad.» Entre los componentes costosos, complejos e irremplazables que suelen hallarse en las naves espaciales, las bolsas de plástico producidas en serie y fijadas a las superficies resultan cruciales: constituyen una forma de lo que Gorman denomina «gravedad portátil», junto con el velcro, las bridas para cables, y los asideros y puntos de apoyo que ayudan a que los objetos (y las personas) permanezcan en su sitio.

Tener mejores datos sobre el uso de esos artefactos podría repercutir en el diseño de los futuros hábitats espaciales. Además, SQuARE tiene un elemento de preservación histórica, dado que está previsto que la estación, que se lanzó hace más de 20 años, se desmantele en 2030. «Esa es la dirección en la que debería avanzar la arqueología espacial», opina la antropóloga Beth O'Leary, pionera en este campo y profesora emérita de la Universidad Estatal de Nuevo México, que no participó en el estudio. Y añade que los datos de SQuARE podrían arrojar luz sobre el modo en que los astronautas crean subculturas en el espacio.

En un trabajo anterior, el equipo demostró que los cosmonautas rusos habían ido transmitiéndose entre ellos, de manera informal y a lo largo de varias décadas y estaciones espaciales, un modo de aprovechar el espacio vacío de las paredes para erigir santuarios en honor a héroes como el astronauta Yuri Gagarin. «Parece que se produjo una transmisión de lo que había que hacer», incide Walsh, «y en eso consiste la cultura, en esas prácticas tradicionales que primero se desarrollan, para luego reforzarse y transformarse».

Megan I. Gannon

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