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1 de Enero de 2008
Adicciones

Ludopatía y mujer

Las mujeres apuestan y juegan menos que los hombres. Sin embargo, las mujeres ludópatas tienen motivaciones diferentes, niegan su dependencia con más ahínco que los hombres y son más reacias a buscar ayuda terapéutica.

ISTOCKPHOTO / SIMON ASKHAM

En síntesis

Los hombres y las mujeres con ludopatía presentan diferencias entre sí en diversos planos: desde el tipo de juego, pasando por la evolución del trastorno, hasta las psicopatologías asociadas.

Por lo general, las mujeres recurren al juego excesivo para hacer frente a sus problemas personales y familiares o para afrontar un estado de ánimo disfórico.

El tratamiento de la adicción al juego debe adecuarse a las características específicas del trastorno en cada sexo.

La mayoría de las personas juegan como una forma de entretenimiento, en un marco social y dentro de sus posibilidades económicas. Apostar es una manera divertida de asumir un riesgo, siempre que una persona sea adulta y que ese riesgo se mantenga bajo control. Sin embargo, hay una minoría de personas que pueden perder el control con el juego, arruinar su vida o ver agravados sus problemas preexistentes, llegando a caer, en los casos más graves, en una adicción.

La presencia incontrolada de máquinas tragaperras en bares y lugares de ocio, junto con la oferta abundante de bingos, casinos y de los juegos más tradicionales (quinielas, loterías, cupones, carreras de caballos, etcétera), ha hecho aumentar de manera considerable la ludopatía, que puede afectar al 2 o 3 por ciento de la población adulta española. La indefensión ante esta avalancha de juegos con apuestas afecta sobre todo a los adolescentes y a las personas más vulnerables psicológicamente.

Las diferencias de la mujer respecto al hombre en el ámbito del juego patológico se manifiestan en diversos planos: los tipos de juego implicados, el mayor control en la obtención de dinero para jugar, la adquisición y el desarrollo del trastorno, el mayor nivel de psicopatología asociada y las repercusiones psicológicas más acentuadas en la familia. En concreto, el rechazo de la pareja hacia la mujer jugadora es mucho más explícito que en el caso inverso, así como su falta de colaboración en el proceso terapéutico.

Existe también una doble moral social ante el juego de la mujer. Al hombre se le tolera el juego excesivo en las primeras fases, a la mujer, en cambio, se la tilda rápidamente de «viciosa», lo que conlleva una ocultación del problema más tenaz, al menos externamente, y, por ello, una mayor resistencia a la búsqueda de ayuda terapéutica.

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