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1 de Noviembre de 2006
Adolescencia

Adiós a la infancia

Lo que ocurre en la pubertad trasciende la mera subversión hormonal. En la reorganización contemporánea del cerebro de los adolescentes debe buscarse la particular conducta exhibida.

El sistema neuronal de recompensa sufre una transformación radical en la pubertad. En ello se esconde la razón de que los adolescentes ­sientan atracción por las conductas de riesgo. [ISTOCK / ODILON MORAES]

En síntesis

En la pubertad se da una notable reestructuración en el sistema nervioso: desaparecen conexiones interneuronales superfluas y aparecen otras nuevas. El sistema de recompensa pierde el treinta por ciento de los receptores de dopamina.

La renovación del cerebro tiene lugar siguiendo un plan genéticamente determinado. La reestructuración se realiza de forma paralela al resto de los cambios somáticos.

La última fase de la pubertad es la maduración de la corteza orbitofrontal, centro coordinador superior. Esta se completa alrededor de los treinta años de edad.

Han perdido interés en los asuntos escolares. No se concentran en la clase de piano. Ni siquiera se esfuerzan por mostrarse educados. Su habitación se convierte en un coto cerrado, de acceso prohibido para los «viejos». El teléfono móvil y el monopatín han desplazado a la muñeca y al coche de mecano. El tatuaje y el piercing constituyen los símbolos de su voluntad de independencia. Cuanto les atraía de niños, ahora les aburre. Sobre todo les cansan los padres, quienes, a la vista de la conducta de sus hijos púberes, empiezan a cuestionarse si acertaron en la educación otorgada. ¿Es puro teatro? ¿Lo hemos hecho mal? ¿Hay forma de sacarlos de sus extravagancias?

Hasta ahora, la efervescencia de los adolescentes se atribuía a la repentina producción de hormonas sexuales. Esa química provocaba el auténtico caos mental. Sin embargo, la investigación neurológica demuestra que es imprescindible que el cerebro pase por esta fase de inestabilidad para llegar a un pensamiento autónomo adulto. Los drásticos cambios de conducta que ocurren en la pubertad obedecen a una reorganización sistemática de la estructura cerebral. A las hormonas les corresponde una función secundaria.

Durante mucho tiempo, los neurólogos minusvaloraron las posibilidades de reestructuración del cerebro. Por una razón que parecía obvia: en cuanto el cuerpo del joven adquiere las características del adulto, el volumen del cerebro permanece constante, ha alcanzado ya su tamaño máximo. Su maduración, así se creía, culminaba al final de la infancia.

Pero el estudio neurológico, ayudado por la técnica de neuroimagen, nos ha descubierto que la pubertad entraña una fase de la maduración cerebral, a la que hasta ahora se le ha prestado poca atención. Los Institutos Nacionales de la Salud estadounidenses (NIH) financian un proyecto ambicioso de siete años: la exploración sistemática del cerebro de 500 niños y jóvenes de edades comprendidas entre los 2 y los 21 años. El rastreo tomográfico irá acompañado del estudio de sus facultades cognoscitivas.

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