La atracción de los jóvenes por el ocultismo

Las prácticas ocultistas ejercen un atractivo particular en los adolescentes, pero el peligro aumenta cuando la fascinación lúdica se transmuta en dependencia psíquica. En este artículo abordamos este asunto en profundidad.

El atuendo externo no permite inferir la pertenencia de una persona a alguna secta. De hecho, los iniciados intentan ocultar cualquier señal que revele su condición. [ISTOCK / MMEEMIL]

Jóvenes ocultistas, de Harry Potter a la fascinación por las profecías

Suena a algo casi increíble lo sucedido en los últimos años en algunas comunidades parroquiales de los Estados Unidos: las novelas de "Harry Potter" terminaron en la hoguera en medio de grandes aplausos. Se recriminaba que las historias del aprendiz de brujo indujeran, a niños y adolescentes, a las prácticas esotéricas y promovieran el satanismo. Dicho en otros términos: tras la obra de Joanne K. Rowling se emboscaba una figura de no menor relevancia que la del mismísimo demonio.

 

Las opiniones divergen entre quienes las consideran historias didácticas de aventuras y los que ventean en ellas un peligro para el desarrollo psíquico del niño. Particular sobre el que han corrido literalmente ríos de tinta en los últimos meses, con opiniones antagónicas. Pero, en ese debate, suele olvidarse que el entusiasmo de los niños y adolescentes por la magia y la hechicería empezó mucho antes del comienzo de la pottermanía. En Alemania occidental, las primeras encuestas científicas sobre el ocultismo juvenil, a comienzos de los 90 del siglo pasado, arrojaron ya el resultado de que hasta el 44 % de los escolares habían participado ocasionalmente en prácticas ocultistas.

 

Los titulares de prensa con noticias de actos violentos de clara motivación satánica atizan, comprensiblemente, el miedo de los padres. Pero no es recomendable fomentar el pánico. En los rituales ocultistas extremos, pensemos en las misas negras, participan pocos jóvenes. En una encuesta hecha en el año 1993 en diferentes centros escolares germanos, reconocía su asistencia sólo el 4,6 %. Menor es incluso el número de los que caen en los círculos del “satanismo duro”, donde existe un peligro real de crueldades, incluidas la violación y el asesinato rituales. Hace pocos años Ingolf Christiansen, delegado oficial para la vigilancia de las  sectas en Alemania, cifraba en unos 7.000 el número de satanistas practicantes.


Muy extendidas por contra están las prácticas de echar las cartas y mover los vasos en los círculos de amigos. No podemos minusvalorar su riesgo. Sucede con cierta frecuencia que jóvenes con alguna vivencia ocultista —piénsese en profecías negativas de su futuro— se desequilibran y desarrollan el síndrome de la angustia o comportamientos compulsivos, entre otros trastornos psíquicos. En tales casos, los padres, profesores y médicos tienen muchas dificultades en acceder a los jóvenes afectados. Una fórmula contrastada de ayuda es la de descubrir los motivos psicológicos, asociados a la edad, que fomentan entre los jóvenes el interés por lo oculto.

<p style="text-align: center;"><em>JUEGO PELIGROSO. Desde mediados del siglo XIX se viene acudiendo a las cartas de tarot como una suerte de oráculo</em>

¿Qué es el ocultismo? Fascinación por los mundos ocultos

El concepto proviene del vocablo latino occultum“lo escondido”. A diferencia de la magia o la astrología, el ocultismo constituye un fenómeno moderno; ninguna de las órdenes o logias correspondientes tiene una antigüedad superior a los 160 años. Las diferentes asociaciones ocultistas surgieron presuntamente como contrapeso a las corrientes de pensamiento racionalistas dominantes en el siglo de las Luces. La Ilustración del siglo XVIII proponía que la constitución del mundo podía comprenderse según leyes racionales.

 

Hoy día el término ocultismo acoge las más diversas corrientes de entender el mundo y prácticas asociadas. Todas ellas apelan a una idea de fenómenos y hechos de la naturaleza y de la vida anímica que no encaja con los parámetros científicos. Algunos ejemplos son la percepción extrasensorial (telepatía o clarividencia), los movimientos a distancia (psicoquinesia) o las apariciones fantasmales vinculadas a personas o lugares.

 

De acuerdo con esa concepción, habría que remitir tales fenómenos a fuerzas desconocidas; casi siempre se manifiestan solo a través de personas especialmente dotadas, los médiums. Súmese a ello otra nota distintiva: la creación de estructuras de relaciones simples o complejas; minerales, plantas, cartas de tarot, planetas, espíritus y demonios se asocian a propiedades humanas y a acontecimientos del presente o del futuro.

<p style="text-align: center;"><em>CONJURANDO LOS ESPÍRITUS. Los participantes de una sesión tratan de entrar en contacto con los difuntos. La horripilante escena ejerce un poderoso efecto en la psique.</em>

De la "magia" infantil a la atracción por el ocultismo en la adolescencia

Desde la perspectiva de la psicología del desarrollo, la creencia en fuerzas ocultas no es antinatural; sobre todo en la infancia. Los niños de entre tres años hasta la edad escolar —la “fase mágica”— asignan frecuentemente a los objetos fuerzas especiales o propiedades humanas. Y asocian causalmente cualquier tipo de suceso o acontecimiento con otro. Citemos algunos: 

 

  • “Me he caído de la bicicleta porque mamá no me estaba mirando”; 

  • “Mi abuelita se pondrá buena si ahora pasa por aquí un coche rojo”. 

  • Y en sus juegos es la fantasía todopoderosa la que dirige una y otra vez el panorama. Los niños pequeños hacen volar mentalmente a los animales; los muñecos mueren y resucitan, algo que les da la sensación de poder controlar todo ese mundo.


Esa mentalidad predominantemente egocéntrica de la edad preescolar se reactiva de forma transitoria en la pubertad. Pero tampoco desaparece del todo esa conciencia mágica más adelante. Cada uno de nosotros, aun sin pertenecer a ningún círculo ocultista, puede recaer —en situaciones extremas de tensión— en la fase mágica de la infancia, aunque generalmente sea por un tiempo limitado y carezca de significación desde el punto de vista psiquiátrico.

<p style="text-align: center;"><em>FANTASÍAS TODOPODEROSAS. Practicar la magia significa tener todo controlado, una necesidad especialmente imperiosa en la niñez y en la pubertad, imposible de satisfacer en la vida real.</em>

En busca del sentido

El hecho de que los adolescentes se orienten hacia lo esotérico, espiritual y mágico expresa la búsqueda de un sentido de la vida y de valores y objetivos éticos; algo que los “adultos” parecen haber traicionado con su fe en el progreso y su continua aspiración al bienestar. 

 

Muchos jóvenes que acuden al ocultismo sufren crisis de sentido de la vida y de desesperanza, con miedo incluso al futuro. Werner Helsper, de la Universidad Martin Luther en Halle-Wittenberg, habla en este contexto de una nostalgia por el lugar conocido y seguro como la propia casa o por el “reencantamiento”, un deseo que no se limita a los adolescentes, como muestra el amplio interés por lo esotérico en todas las capas de la población.

 

A eso se añade en la mayoría de los adolescentes los problemas de la pubertad relacionados con los cambios operados en su cuerpo y la aparición de la sexualidad, percibida a veces como algo amenazante. Mientras que la religión cristiana les invita a reprimir los instintos, la adoración comunitaria del “mal” ofrece la posibilidad de identificarse con los propios deseos agresivos y sexuales. 

 

En último término, se pretende desmontar los propios miedos. En este sentido, Werner Zacharias veía en el surgimiento de los cultos satánicos una respuesta a la represión colectiva de lo instintivo.

 

Consejero dudoso en las crisis vitales: ¿por qué esa atracción hacia lo oculto?

Por ambición de poder

Helsper distinguía además otras dos motivaciones en la proclividad al ocultismo: el deseo de incrementar el prestigio y la ambición de poder. Algunos jóvenes coquetean precisamente con su participación en sesiones de ocultismo y se revisten conscientemente del velo de lo secreto. Tras esa exigencia de una revalorización personal se encuentra la necesidad de compensar sentimientos de insignificancia y de impotencia.

Como ayuda en sus decisiones vitales

Pero a menudo los jóvenes entran en el mundo del ocultismo para buscar ayuda en decisiones vitales. Este es el caso de un paciente de 17 años. Tras la separación de sus padres, Martín, llamémosle así, vivía con la madre. Había cometido un “desliz” con una amiga y la había dejado embarazada. En esa situación confiaba él encontrar consejo de un “gurú”, un alemán que había vivido mucho tiempo en la India. Al mismo tiempo empezó a interesarse por el ocultismo, en particular por el I-Ching, el “Libro de las transformaciones” chino, que también puede hacer las funciones de oráculo.


Martín consultaba cada vez con más frecuencia el I-Ching, incluso diariamente, con la esperanza de poder así armarse contra todos los golpes del destino. Más tarde, recurrió a las drogas. Cayó en una crisis psicótica y tuvo que ser internado en un hospital psiquiátrico.

Tendencia personal hacia el ocultismo

El ejemplo nos lleva a la cuestión de si existen determinados rasgos de personalidad que lo conviertan a un individuo en vulnerable ante el ocultismo. En 1993 Jorinde Bär, mientras preparaba su tesis doctoral en la facultad de medicina de la Universidad de Tubinga, entrevistó a unos 500 estudiantes de edades entre 15 y 19 años. Los jóvenes, con una predisposición esquizoide —es decir, con tendencia a fantasías extrañas— admitieron creer con frecuencia creciente en fuerzas mágicas en todos los posibles ámbitos ocultos.

 

Complétese esa información con las investigaciones de Johannes Mischo en la Universidad de Friburgo. Documentan la relación entre el pensamiento mágico-irracional y la atribución externa, consistente en la obsesión patológica de creer estar influenciado por circunstancias y fuerzas exteriores. 

 

Especialmente interesante es, además, la observación de Mischo de que los rasgos neuróticos de la personalidad y la labilidad psíquica van acompañados frecuentemente de la admisión de fuerzas ocultas. Estas personas desarrollan a veces ilusiones mentales para superar crisis emocionales.

 

¿Cuándo es peligroso el mundo del ocultismo?

Pero, ¿a partir de qué momento llega a ser realmente peligroso el trato con el mundo de lo oculto? En su inmensa mayoría, los jóvenes superan, indemnes, el contacto con las prácticas ocultistas. Suele tratarse, en esencia, de una reacción de protesta contra los padres o la sociedad: los adolescentes quieren “husmear” en algo prohibido, de la misma forma que en alguna ocasión han fumado un “canuto” sin que por ello se transformen en consumidores regulares de cannabis. 

 

La preocupación surge cuando se agregan a grupos organizados con un rígido código de conducta. Entonces existe el peligro de que dinamiten los puentes entre ellos y el resto del mundo. En tales casos, los padres no consiguen convencer con argumentos a sus hijos adolescentes para que se aparten del ocultismo. Algo que se explica por la voluntad del adolescente de alejarse del mundo paterno. 

 

<p style="text-align: center;"><em>POR ENCARGO DEL DEMONIO habrían actuado. Tal fue la declaración del matrimonio Daniel y Manuela Ruda ante el tribunal que les acusaba de un brutal asesinato a principios del año 2003. Los expertos les diagnosticaron trastornos psíquicos tan graves, que el jurado aceptó una disminución de responsabilidad y dictaminó su ingreso en una clínica psiquiátrica.</em>

No es infrecuente que sus padres les muevan entonces a una mayor dependencia de la organización. Aun cuando logren que, contra su voluntad, el hijo acuda a un centro de consulta se frustran, a menudo, las esperanzas por falta de disposición al diálogo.

Sí se da, aunque no de un modo frecuente, que los jóvenes se abran a sus padres o parientes en fases de dudas o busquen ellos mismos un psicólogo o psiquiatra. Estos no deben intentar apartar inmediatamente de su "camino erróneo" a quienes vienen en demanda de consejo. Deben mostrarles, en primer lugar, que quieren entender su giro hacia lo oculto. Y han de intentar transmitirles que su acceso a un círculo o una agrupación obedeció seguramente a una necesidad interior.

Reconocimiento de las vivencias fronterizas

El terapeuta o consejero debería conocer las asociaciones de ideas con el new age, tarot, I-Ching y la parapsicología y no excluir esos temas en sus conversaciones. Solo si se manifiesta buen conocedor del territorio del ocultismo será aceptado como interlocutor por el que busca consejo, y solo entonces podrá relativizar de manera plausible esas ideas o creencias.

 

Muchas veces, algunos de mis jóvenes pacientes preguntan si parece posible que en cierto tipo de sesiones se desplacen los vasos o las sillas o si creo en la magia del vudú. Se trata de preguntas con trampa: si el terapeuta responde negativamente, el joven deduce enseguida que no le toma en serio o que se le considera un psicótico. No se puede mirar para otro lado ante tales vivencias fronterizas del mundo de lo oculto por parte de los adolescentes. 


El terapeuta debe reconocerlas como experiencias subjetivas que admiten una inquisición limitada. Pero en todo caso, y desde una relación correspondientemente consolidada y positiva, es posible y tiene sentido indagar en la realidad de tales vivencias, apuntando a fenómenos explicables como los enmarcados en sueños o en consumo de drogas.

<p style="text-align: center;"><em>NOCHE DE WALPURGIS. Tanto entre los jóvenes como entre las muchachas las fiestas de brujas de la noche de Walpurgis gozan de mucho predicamento.</em>

Se requiere proceder con suma cautela. A menudo, quienes siguen la senda del ocultismo son jóvenes con taras hereditarias o psíquicamente inestables. A Martín se le podía explicar en el diálogo terapéutico que dedicarse al I-Ching tiene dos caras: las imágenes, los símbolos y las respuestas pueden provocar un fecundo contraste con las propias ideas sobre sus imágenes interiores y contribuir a una nueva valoración de realidades intra anímicas. Pero si se toman demasiado a pecho algunas respuestas del I-Ching, estas le pueden perseguir a uno. Así se menoscaba la propia calidad de vida cuando ante determinadas decisiones cotidianas ("¿Voy esta noche al cine o no?") no podemos dar un paso sin el I-Ching. Gracias a verse valorado de nuevo por su consejero espiritual Martin consiguió superar su dependencia.

Modos de evadir la dependencia

De entrada, el terapeuta tiene que aceptar el giro del joven en dirección a lo extraño, antes de proponerle los distintos caminos abiertos para quienquiera que haya ingresado en un grupo ocultista. Puede, por ejemplo, desarrollar una dependencia fanática y ciega o bien, y pese a su pertenencia al grupo, mantener su capacidad de crítica y diferenciar los aspectos positivos de los negativos. En tercer lugar siempre tiene la posibilidad —aunque esto en principio el joven no quiera creerlo— de abandonar la organización. Un objetivo que no se puede perder nunca de vista en la terapia.

 

Una vez que se ha establecido un diálogo confiado, el terapeuta puede empezar a mencionar ejemplos de algunos que han dejado estos grupos o bien proponer la consulta con un experto en la correspondiente agrupación. Estamos aquí ante un camino en la cuerda floja. El consultor se percibe generalmente como una persona revestida de autoridad. De ahí las posibles reacciones de rechazo; por ejemplo, cuando se transfieren a él los conflictos o la oposición a los padres. 

 

Mas, en la medida en que el muchacho note que el terapeuta se esfuerza por ser sincero, lo mismo en el ámbito de lo espiritual que en el del ocultismo, será también posible relativizar las creencias actuales. Debe atenderse, en particular, a la autorresponsabilidad del afectado. En cualquier caso hay que tratarle como un ser humano, autónomo en sus decisiones íntimas; lo contrario equivaldría a incapacitarle en cuestiones éticas.

 

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