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1 de Mayo de 2017
Neurogénesis

Los beneficios del ayuno

Quien ayuna cuida su cerebro: el ahorro metabólico aporta efectos antidepresivos y estimula los procesos de regeneración neuronal. La renuncia voluntaria al alimento puede incluso prevenir la demencia.

ISTOCK / SKYNESHER

En síntesis

El ayuno temporal beneficia el cerebro y el cuerpo en general. Entre otros efectos, contribuye a que el metabolismo se reorganice y a que disminuyan sustancias perjudiciales, entre estas, los marcadores inflamatorios.

Abstenerse de comer durante unos días también estimula el crecimiento neuronal y la sensación de euforia, lo que reduce el riesgo de depresión. Se cree que actúa en el cerebro como una suerte de antidepresivo.

En los animales de laboratorio, la reducción de calorías ingeridas disminuye los procesos neurodegenerativos relacionados con el envejecimiento y la demencia. Se desconoce si el mismo efecto se produce en los humanos.

El pingüino real es un auténtico maestro del ayuno. Puede estar hasta cinco meses al año sin comer un solo pez y tan solo viviendo de sus reservas de grasa. De esta forma, consigue perder la mitad de sus 15 kilos de peso en un entorno en el que las temperaturas pueden alcanzar –60 grados Celsius.

En este aspecto, los humanos somos diferentes. Muy diferentes. Se podría decir que siempre estamos comiendo, salvo cuando dormimos. Desde hace muchas generaciones, las tres comidas principales diarias se encuentran tan profundamente arraigadas en nuestra mente que renunciar a ellas se nos antoja casi inimaginable. A esa rutina alimentaria debe sumarse el consumo entre horas de tentempiés y refrescos (fríos y dulces), sin olvidar la copa de vino o cerveza acompañada de un aperitivo como colofón de la jornada laboral.

Seguramente, la industria alimentaria celebra estas costumbres; no así nuestro organismo. «Vivimos en una sociedad de la abundancia. Siempre tenemos un alimento a nuestro alcance; a su vez, apenas nos movemos», explica Dieter Melchart, profesor de medicina naturista en la Universidad Técnica de Múnich. «Todo ello deja huella», continúa. Estas señales se manifiestan en forma de sobrepeso, diabetes, hipertensión sanguínea, infarto de miocardio o alzhéimer.

Una mirada a animales como los pingüinos reales y a la naturaleza a la que pertenecemos —más allá de los teléfonos inteligentes, los perritos calientes y las cocinas de alta tecnología— nos enseña que la vida sobre la Tierra se ha desarrollado a ritmo de vigilia y noche, calor y frío, abundancia y escasez. Por ello, renunciar de vez en cuando a comer podría resultarnos provechoso. «Ayunar es el mayor remedio curativo», sostenía el médico y filósofo Paracelso (1493-1541) ya en su época. ¿Qué datos nos ofrece la ciencia actual sobre esta afirmación?

Hoy sabemos que el exceso de alimentos perjudica nuestro organismo, sobre todo al cerebro. El estilo occidental de alimentación, a base de productos comestibles industriales ricos en grasas, se ha demostrado nefasto para el cuerpo y la mente. En cambio, renunciar a comer de vez en cuando beneficia nuestro cerebro. «Una vez han superado los difíciles tres primeros días [de ayuno], más de dos terceras partes de nuestros pacientes presentan un mejor estado de ánimo», asegura Andreas Michalsen, médico naturista del Hospital Immanuel de Berlín, donde cada año alrededor de 800 personas renuncian de manera voluntaria a la comida con el objetivo de mejorar su salud.

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