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1 de Enero de 2017
Psicopatología

Superar la inanición

La anorexia modifica el cerebro y la dotación genética de la persona que la sufre. Los afectados caen en un círculo vicioso, pero existen salidas.

ISTOCK / SUCHOTA

En síntesis

La anorexia nerviosa provoca que el volumen de la sustancia gris del cerebro se reduzca y conlleva déficits cognitivos. El cerebro se recupera cuando se retoma la alimentación normal.

No obstante, las anomalías estructurales de la sustancia blanca permanecen en el cerebro de las pacientes con anorexia durante mucho tiempo, incluso después de un tratamiento satisfactorio.

El hambre crónica modifica la velocidad de lectura de los genes, lo cual fomenta la conducta alimentaria patológica. Es probable que esas modificaciones epigenéticas reviertan.

«Cincuenta y siete. Conseguido. Pero noto algo raro. La cifra no me satisface. No me alegro en absoluto. Tengo que intentar otra cosa. Los cincuenta y cinco. Suena a utopía, pero la sola idea de los dos cincos hace que mi corazón lata con más fuerza. Con objetivos más ambiciosos también sube el listón de exigencia y esfuerzo. Los cincuenta y cinco son una batalla. Me lo exigen todo. Ahora, toda mi jornada se centra en este único objetivo.»
(Alicia fuera del país de las maravillas, 15 de noviembre de 2014)

Sarah es anoréxica. Desde los 13 años, su vida gira en torno a determinadas cifras: calorías, peso de los alimentos, peso corporal. En su blog, «Alicia fuera del país de las maravillas», describe la enfermedad que padece.

Por lo general, la anorexia nerviosa se inicia, de manera latente, durante la pubertad. No se sabe con certeza por qué afecta más al sexo femenino que al masculino; tampoco se conocen con precisión sus causas. Además de los factores sociales y genéticos, el ayuno en sí mismo parece desempeñar un papel importante en la progresión del trastorno: cuanto menos se come, mayor es la inmersión en la vorágine autodestructiva. Todo gira en torno a la comida; solo qué se puede comer.

El peso corporal no es el único que se reduce en este proceso. Verena Mainz, de la Universidad Politécnica de Aquisgrán, y otros investigadores compararon en 2012 el cerebro de 19 pacientes anoréxicas que se encontraban al inicio de su tratamiento con el de jóvenes sanas de la misma edad. El volumen de sustancia gris de las afectadas era casi una quinta parte menor al de sus coetáneas sin el trastorno. Los escáneres cerebrales revelaron, además, que en alrededor de un tercio de las pacientes, las áreas donde la corteza cerebral suele mostrar una estructura tupida, presentaban surcos anchos y profundos, semejantes a los que se observan en el cerebro de personas con demencia.

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