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1 de Abril de 2003
Neuroimagen

Amor en imágenes

Mediante técnicas de formación de imágenes, el investigador observa en el cerebro que el amor trastoca nuestra vida sentimental.

Mediante imagen por resonancia magnética se ha constatado que las regiones del sistema límbico que aquí aparecen coloreadas en amarillo se excitan solo en las personas enamoradas que contemplan una fotografía de su pareja. [CORTESÍA DE ANDREAS BARTELS Y SEMIR ZEKI]

En síntesis

Mediante tomografía por resonancia funcional se han descubierto cuatro áreas del sistema límbico relacionadas con el sentimiento del amor. Estas regiones se muestran activas cuando un enamorado mira la fotografía de la persona amada.

Las neuroimágenes también revelan la diferencia entre el amor y la excitación sexual pura. Parece que el núcleo caudado y el putamen aportan el componente erótico al amor romántico.

En cambio, varias regiones del hemisferio cerebral derecho, las cuales suelen intervenir en sentimientos negativos, aparecen inactivas en las personas enamoradas que contemplan a su pareja.

El amor es la sublimación de los sentidos, en frase de Diótima, sacerdotisa y maestra de Sócrates. En nuestra cabeza acaece todo lo que pensamos y sentimos, amor incluido. Hasta no hace mucho la neurología podía aportar muy poco a la comprensión de esta emoción tan particular. Los científicos se habían dedicado preferentemente a estudiar los sentimientos negativos (la agresión, el miedo o la depresión); por una razón inmediata: era mucho más sencillo enojar o asustar a los sometidos a un ensayo que despertar de manera fiable alegría o amor en un experimento de laboratorio. Pero eso no impidió que en el Colegio Universitario de Londres nos decidiéramos a dar el primer paso para la conquista neurocientífica de los sentimientos positivos. Empezamos con el estudio del amor romántico.

El muestreo inicial abarcó varios miles de estudiantes de Londres y alrededores. Les exhortamos, por correo electrónico, a presentarse, en el supuesto de que estuviesen enamorados ''verdadera, loca y profundamente''. Respondieron unos setenta; de ellos, alrededor de tres cuartas partes eran mujeres. Les pedimos que nos describieran brevemente su relación amorosa, se sometieron luego a una entrevista personal y, por fin, seleccionamos once probandos femeninos y seis masculinos. De esta forma podíamos llevar a cabo un muestreo multicultural y multiétnico que se nutría de once nacionalidades diferentes.

Para nuestra sorpresa, ninguno de los participantes acababa de enamorarse hacía poco, sino que todos mantenían una relación larga (con un promedio de dos años de duración) y satisfactoria. Con todo, la selección salió bien: al cumplimentar un formulario de contenido psicológico sobre temas relacionados con el amor, el cual se había usado en otra ocasión para examinar a cientos de enamorados, nuestros probandos alcanzaron «calificaciones amorosas» superiores a los mejores del estudio anterior. Con el fin de proceder con más seguridad, los sometimos a un test fisiológico adicional, similar al detector de mentiras, basado en la medición de la resistencia cutánea. Casi todos los sujetos empezaban a sudar al contemplar la fotografía del ser amado.

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