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1 de Abril de 2003
Adolescencia

Amor juvenil

Cuando los hijos caminan por las sendas del amor, a los padres sólo les queda a menudo un recurso: confiar en ellos.

ISTOCK / ANNEHOGINS

En síntesis

En 1999, Wyndol Furman, de la Universidad de Denver, definió cuatro fases para las relaciones amorosas juveniles: iniciación, estatus, afección y vinculación.

Entre los 11 y los 13 años se estrechan los primeros lazos de afecto, casi siempre de poca duración. De los 16 a los 18, la relación se hace más exclusiva y duradera.

Los hijos que recuerdan una unión segura y protectora con sus padres viven las relaciones amorosas posteriores con más intimidad y satisfacción sexual.

Llega un día en que los padres se dan cuenta de que sus hijos han dejado de ser niños. La hija vuelve muy tarde por la noche de una fiesta y se la encuentran hecha una desgracia a la hora del desayuno. Los padres se preocupan y la hija responde a sus preguntas con monosílabos y la mirada perdida. Y fracasan estrepitosamente al intentar averiguar las razones de su estado de ánimo. Tan sólo una pregunta lanzada al aire da en el blanco: ''¿Estuvo también allí Marcos?'' ¡El portazo subsiguiente habla con mayor elocuencia que mil palabras!

Muchos padres contemplan las primeras aventuras amorosas de sus retoños con sentimientos encontrados. Por un lado sienten llegada la hora de su especial responsabilidad; por otro, sus hijos, precisamente entonces, empiezan a distanciarse de ellos. ¿Hasta dónde llega el primer amor? ¿Cómo surgen las primeras relaciones románticas, caracterizadas por el atractivo sexual? Curiosamente los psicólogos de la evolución no se han dedicado a estas cuestiones hasta hace bien poco tiempo. Wyndol Furman, de la Universidad de Denver, dio el primer paso en el año 1999. Clasificó el tiempo juvenil en cuatro fases: iniciación, status, afección y vinculación.

En la última fase infantil los niños y las niñas juegan, por lo general, en grupos separados. Solo entre los 11 y los 13 años, en la fase de iniciación, se estrechan los primeros lazos de afecto, casi siempre en el círculo de los amigos de la misma edad. Los encuentros románticos son espontáneos y, por lo común, de corta duración. A menudo «ayudan» los amigos: las chicas escriben conjuntamente una carta de amor; algunas median para concertar las citas que después se llevan a cabo en grupo o en compañía de la mejor amiga. La pandilla ofrece una suerte de entorno protector en el que se pueden celebrar sin miedo los encuentros con el otro sexo. Es cierto que los adolescentes se enamoran con un amplio despliegue sentimental, pero normalmente no disocian la realidad de la fantasía. De esta manera, una quinta parte refiere el nombre de una pareja, mas, como puede comprobarse, esa persona no sabe nada del asunto.

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