Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Julio de 2010
Psicología

Disfunción sexual

Pese a lo que pudiera parecer, la libertad erótica de que disfruta la pareja en el lecho compartido no significa mayor satisfacción. Alrededor de un tercio de los varones y mujeres en algún momento dejan de encontrar placer. Sólo una terapia adecuada puede remediarlo.

FOTOLIA / MONKEY BUSINESS

En síntesis

Un trastorno sexual debe cumplir dos requisitos para su diagnóstico: que cause daño a otra persona y que perjudique al afectado en su ámbito social, profesional o cualquier otro aspecto de su vida.

Los hombres padecen, sobre todo, problemas de erección. En las mujeres son más frecuentes los trastornos del apetito sexual, es decir, la reducción o incluso carencia total de deseo sexual.

Por lo general, cuanto más tardíamente aparece un trastorno en el ciclo de la excitación sexual más fácil resulta su tratamiento, como es el caso de la eyaculación precoz.

Pareja de aspecto atractivo (36/80 kg y 28/55 kg) de Hamburgo busca una o varias mujer(es) bi (18-40), que le(s) guste la sumisión en juegos SM, para relación duradera o encuentros ocasionales, así como para actividades comunes.

Ya hace tiempo que un anuncio como éste de la sección de contactos de un periódico matutino no escandaliza a nadie. Lo que hace 50 años hubiera sido impensable, hoy en día no merece atención alguna. Está permitido todo aquello que a uno le guste, en tanto no cause daño ajeno. Un axioma al que se acaban de apuntar los terapeutas en el diagnóstico de las alteraciones sexuales: en vez de perversiones, en las tendencias eróticas extrañas se habla de parafilias, según el DSM-IV ("Diagnostic and Statistical Manual" de la Asociación de Psicólogos Americanos, APA) o de alteraciones de las tendencias sexuales, según el ICD-10 ("International Classification of Diseases" de la OMS).

En ambos sistemas diagnósticos, un trastorno se registra si cumple algunas de estas dos condiciones: primera, que alguien, al satisfacer sus inclinaciones, cause daño a otra persona, tal un niño, en el caso de la pedofilia [véase "Pedofilia", por Peer Briken, Andreas Hill y Wolfgang Berner; Mente y cerebro, n.o 19], o un paseante, en el caso del exhibicionismo; segunda, que la persona, debido a una tendencia erótica, se sienta gravemente perjudicada social o profesionalmente o en cualquier otro aspecto importante de su actividad vital. Lo que resulta decisivo para un diagnóstico no son las concepciones morales de la sociedad, sino la posibilidad de que uno mismo u otra persona sufra con una determinada tendencia sexual. Si no es así, incluso con tendencias sexuales extremadamente sorprendentes, no se diagnostica ninguna parafilia.

Artículos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.