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1 de Septiembre de 2013
Neurociencia

Corriente continua para la creatividad

El síndrome del sabio ha inspirado una técnica de estimulación cerebral ideada para potenciar la capacidad de imaginar soluciones originales y creativas.

GEHIRN UND GEIST / CHRISTIAN BARTHOLD

En síntesis

Las personas con síndrome del sabio o savant exhiben una gran habilidad en campos concretos. Parecen disponer de un estilo cognitivo más literal y menos filtrado que la mayoría de los mortales.

El sapiente puede presentar una disfunción en el hemisferio cerebral izquierdo, normalmente el dominante, compensada por el hemisferio derecho.

Se investiga inducir esta pauta de actividad cerebral por medios no invasivos para generar un estilo cognitivo con menos prejuicios que abra paso a formas originales de considerar un problema.

Una gran idea surge de pronto. En las simas de la mente, redes de neuronas ejecutan una sinfonía sublime y un chispazo de inspiración brota en la consciencia. Estas ideas luminosas o momentos eureka, por inesperados, parecen imposibles de orquestar. Mas estudios recientes llevan a pensar de otro modo: si se libera la mente de algunas de sus inhibiciones podríamos mejorar la imaginación y creatividad para resolver problemas.

El cerebro humano filtra sin cesar pensamientos, sensaciones y emociones. Tan solo una pequeña fracción de los estímulos que el ambiente «lanza» sobre nosotros llega a elevarse hasta el nivel del conocimiento consciente. El aprendizaje de lo vivido impone atajos mentales que determinan qué sensaciones se consideran merecedoras de atención. Nuestro laboratorio investiga si es posible atenuar tales sesgos y, con ello, potenciar la apertura mental a ideas nuevas mediante una reducción temporal de la actividad nerviosa en regiones específicas del cerebro.

La inspiración para esta metodología nos llega de individuos con alteraciones cerebrales. Son las personas con síndrome del sabio o savant. Estos pacientes poseen destrezas extraordinarias en campos específicos, aunque experimentan serias dificultades para desenvolverse en otros. Al parecer exhiben pautas de disfunción cerebral levohemisférica concomitantes con la tendencia a una predominancia dextrohemisférica. Hemos conjeturado que esta organización del cerebro provoca que sus filtros mentales sean menos finos que en los adultos normales sanos.

La genialidad —excepcional como es— tiene que exigir una visión del mundo cualitativamente diferente de la que la mayoría de los mortales experimentamos. El médico austríaco Hans Asperger (1906-1980), cuyo nombre está asociado con el trastorno epónimo en el espectro del autismo, sugería que la peculiaridad de las mentes brillantes podría consistir en «un toque de autismo». En nuestro laboratorio hemos investigado esta hipótesis. En concreto, hemos aplicado corrientes eléctricas débiles para modular la actividad cerebral de probandos sanos. Los efectos desaparecen en una hora, preservando la cognición normal, con lo que este método de estimulación mental resulta inocuo, además de portátil. Tales propiedades auguran la posibilidad de la creación de un dispositivo que cualquiera podría usar para acicatear la habilidad creativa según demanda, es decir, de una especie de «gorro de creatividad».

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