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Actualidad científica

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  • Enero/Abril 2019Nº 22

Cognición

Creatividad

Las ideas innovadoras son el resultado de un complicado proceso cognitivo, cuyo mecanismo van descifrando neurólogos y psicólogos.

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Si nos atenemos a la definición al uso, llamaremos creatividad a la capacidad de pensar más allá de las ideas admitidas, combinando de forma original conocimientos ya adquiridos. Diego, mi vecino de despacho, posee ese don envidiable. Trabaja ahora en una campaña publicitaria para un nuevo modelo de automóvil. A un ritmo de uno cada media hora, traza bocetos originales, sugerentes; algunos bordean lo genial. Por mi parte, soy de los romos que andan siempre a la caza de una idea brillante, sin éxito. Tal vez mi cerebro no sea capaz de seguir los caminos que permiten ascender hasta mayores alturas del espíritu. ¿Qué tienen Picasso, Einstein, Goethe y mi colega Diego de lo que yo carezco?

El misterio de los genios despertó el interés de la ciencia ya a principios del siglo xix. A la vista de la forma, los surcos, las circunvoluciones y el peso del cerebro, Franz Joseph Gall (1758-1828) se convenció de que la mente creativa debía reflejarse en algún lugar del encéfalo. Pero erró en su hipótesis. Los frenólogos que le siguieron tampoco encontraron la sede de la genialidad.

Cuestión candente

Doscientos años después, la creatividad ha vuelto a un primer plano. Dirigentes de la economía y de la política reclaman soluciones imaginativas para el desempleo masivo, el colapso del sistema de pensiones y problemas sociales afines. Las empresas demandan profesionales innovadores. En el ámbito académico, la psicología comienza a prestar particular atención a esa capacidad creadora, a la postre una de las cualidades identitarias de la naturaleza humana.

Desde el dominio del fuego hasta el descubrimiento de la penicilina o de la fisión del núcleo atómico, pasando por la invención de la rueda y la imprenta, todo nuestro desarrollo evolutivo ha sido posible gracias a una incesante sucesión de chispazos creativos de la mente humana. ¿Y de dónde surgen todas estas ideas?

Del cerebro. Por eso, los neurólogos aportan su colabo­ración con el recurso a nuevas técnicas; así, la tomografía por resonancia magnética funcional o la electroencefalografía. Se intenta descubrir entre la maraña de cen­tenares de miles de millones de células el punto del cerebro donde salta la chispa de la inspiración y por qué a algunos les resulta tan fácil expresar ideas geniales. A su vez, ­mediante el estudio de pacientes que después de una lesión cerebral desarrollan un extraordinario talento o pierden el que tenían, se logra también una valiosa información sobre los mecanismos del proceso creativo.

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