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  • Enero/Abril 2019Nº 22

Psiquiatría

El neurotransmisor de la inspiración

La dopamina contribuye a la creatividad. Algunas personas con párkinson despliegan un impulso creativo asombroso como efecto del tratamiento farmacológico que reciben a fin de paliar la escasez dopaminérgica en su cerebro.

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Empezó pintando paisajes que recuerdan a las obras de Vincent van Gogh; sus colores vivos y pinceladas uniformes atraen al espectador. Más tarde se decantó por crear cuadros abstractos, de tonalidades oscuras y trazos rectos y nítidos. No obstante, su escritura apenas resulta legible. Solo cuando compone obras pictóricas, su mano diestra deja de temblar y fluye armoniosamente por el lienzo.

En 2006, el neurólogo Anjan Chatterjee, de la Universidad de Pensilvania, describió este curioso caso. El paciente, un hombre de 68 años, trabajaba como diseñador gráfico. Hasta entonces había pintado más bien poco. En 1992 se le diagnosticó la enfermedad de Parkinson. Se quejaba de temblores y rigidez en el brazo derecho. Los médicos le trataron con diversos medicamentos: levodopa (un precursor del neurotransmisor dopamina) y otros fármacos que contenían agonistas de la dopamina (sustancias que estimulan los receptores de dicho neurotransmisor).

En 2001, por recomendación del psicólogo, este individuo comenzó a pintar con el fin de combatir su depresión. Con el tiempo, la pintura se convirtió en una auténtica obsesión: produjo centenares de obras en pocos años y se vio impulsado, como nunca antes, a crear; incluso pintaba varios cuadros a la vez, hasta el punto de que su ritmo de sueño de vio alterado: a primera hora de la mañana ya se plantaba ante el caballete. CSD, así su seudónimo, es solo uno de los muchos afectados de párkinson que han aportado obras creativas en el transcurso de su enfermedad.

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