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  • Enero/Abril 2019Nº 22

Psicología

Estrategias para un pensamiento creativo

Las ideas originales resultan necesarias en muchos ámbitos de la vida. Sin embargo, con frecuencia la inspiración no llega cuando más la necesitamos. Existen ciertos métodos que nos pueden sacar del apuro.

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No existe un único camino: Muchas personas relacionan el término «creatividad» con tener grandes ideas que provienen de la nada. Esto es cierto hasta cierto punto. De forma genérica, la creatividad designa, en primer lugar, la capacidad de una persona para crear. A veces nos encontramos frente a un problema difícil y no sabemos cómo resolverlo de la mejor manera; nuestra mente está en blanco; sin embargo, nos urge una idea brillante, un momento ¡eureka!

Ser creativo no consiste solo en tener ocurrencias espontáneas. Si bien en algunas situaciones es bueno desconectar o consultar el problema con la almohada, en otros casos las creaciones más revolucionarias aparecen gracias a la concentración, la disciplina y la perseverancia. Los psicólogos diferencian dos tipos de pensamiento: el divergente y el convergente.

En el primero, pensamos el máximo número de soluciones posibles para resolver una cuestión, las cuales desechamos rápidamente si no nos llevan a nada. Se trata de un proceso no sistemático que aplicamos cuando la lógica no nos permite avanzar. De esa forma, nos sobrevienen ideas inesperadas, a veces en situaciones insólitas: mientras nos duchamos o por la mañana, cuando todavía estamos medio dormidos.

Por el contrario, el pensamiento convergente es estrictamente racional; se basa en el análisis y la atención. Nos rompemos la cabeza durante horas repasando con la mente, una y otra vez, las informaciones más importantes, puliendo nuestros conceptos cada vez más, hasta que, finalmente, son perfectos.

Dado que resulta muy difícil medir la creatividad con criterios objetivos, en las últimas décadas los psicólogos se han centrado en el pensamiento divergente: han investigado el momento del discernimiento en el que, de repente, tenemos la ocurrencia de cómo resolver un problema.

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