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Getty ImaGes / Victor_Tongdee / iStock

En la música, la pintura, la ­literatura, la física, la medi­cina, la gastronomía, la informática y un sinfín de campos más, la creatividad y el momento «¡eureka!»­ son fundamentales para innovar y, de paso, sobresalir entre los demás. Pero ¿por qué los hu­manos tenemos esa necesidad de crear? ¿Por qué nuestro cerebro produce arte? ¿Existen características neurobiológicas y psicológicas que favorecen ese proceso? ¿Hay trucos para ser más creativo?

Los descubrimientos científicos revelan que la capacidad humana para innovar no surgió de repente en nuestra historia evolutiva, sino que fue gestándose durante cientos de miles de años gracias a una compleja mezcla de factores biológicos y sociales. También se ha demostrado que, de la misma manera que otros procesos cognitivos, el pensamiento creativo sigue unas reglas determinadas.

Estas y otras cuestiones relacionadas con la creatividad y la capacidad de producir arte se recogen en este monográfico de la colección Cuadernos de Mente y Cerebro, que arroja luz sobre un tema con muchas caras y que lleva años ocupando el interés de los científicos. «Creatividad e inspiración», «El cerebro musical» y «Arte y alteraciones mentales» son las tres secciones en las que se reparten quince artículos publicados en Mente y Cerebro e Investigación y Ciencia que descubren los principales hallazgos sobre una capacidad que caracteriza a los humanos. ¿Quizás  a unas personas más que a otras?

Abundan los estudios que confirman que la creatividad y la enfermedad mental mantienen una relación de cercanía. También la excentricidad y los mecanismos cognitivos que la fomentan podrían promover el pensamiento creativo, señala Shelley Carson, de la Universidad Harvard y especialista en creatividad, en su artículo «La mente desatada» (pág. 70).

Entre los excéntricos geniales encontramos a Emily Dickinson, Albert Einstein, Björk y Salvador Dalí. Por su parte, Vincent van Gogh, Paul Gauguin, Lord Byron y Robert Schumann son algunos de los artistas que han presentado inestabilidad psíquica.

Pero no hay que ser un loco ni un excéntrico para tener momentos «¡eureka¡». También los programas de formación pueden ayudar a estimular el pensamiento creativo, apunta Carson. Cambiar de perspectiva, estar de buen humor, dormir lo suficiente y distraerse son algunas de las tácticas que proponen los psicólogos para favorecer las ideas geniales (véase «Estrategias para un pensamiento creativo», de Daniela Zeibig; pág. 18).

Con todo, ¿a quién se le atribuye la expresión «¡eureka!»? Según se cuenta, el matemático Arquímedes de Siracusa exclamó tal palabra al descubrir, mientras se hallaba relajado dándose un baño, la solución de un problema que le había planteado el rey. Se dice que, de la emoción, salió presto de la bañera a la calle, todavía desnudo, gritando: «¡Lo he encontrado!» ¿Se trataba de otro excéntrico genial?

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