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  • Enero/Abril 2019Nº 22

Ilusiones

Percepciones deformes

El trabajo de pintores famosos revela que las patologías neuronales y visuales pueden quedar plasmadas en grandes obras artísticas.

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Todo el arte visual es ilusorio, pues entraña un distanciamiento de la realidad, un filtrado a través de la mente del artista. Esta subjetividad vale no solo para las obras abstractas sino también para la pintura figurativa, en la cual el o la artista traduce su percepción en un objeto físico capaz de inducir una percepción similar en quien lo admira.

En la pintura, el mundo tridimensional se plasma sobre una superficie plana. Tales representaciones bastan para dejar en suspenso la incredulidad de nuestro sistema visual y desencadenar andanadas de descargas neuronales que se tornan en visiones de bañistas, puentes y nenúfares. Nunca se trata de la realidad, sino de cómo la ve el pintor y la desea plasmar. Esta visión artística es un revoltijo de expectativas, recuerdos, presunciones, imaginación e intención. Es también, en cierto sentido, reflejo de atajos neuronales y de procesos visuales básicos.

La pintura se complica más todavía cuando los pintores sufren patologías oculares o cerebrales, que les obligan a percibir cuanto les rodea de formas dispares con lo normal. La obra pictórica de tales artistas nos permite participar en su percepción del mundo, ya sea correcta o errónea.

Una vista deficiente puede traducirse en una fantasmagórica pérdida de precisión y detalle en las obras. Las pinturas de la estadounidense Georgia O’Keeffe (1887-1986) se tornaron más planas y menos intrincadas cuando, con la edad, sufrió una degeneración macular binocular, enfermedad de la retina que afecta a la visión central, la de gran resolución. De manera similar, las obras tardías de la pintora Mary Cassatt (1844-1926) acusan poca delicadeza en el tratamiento de los rostros —al contrario de lo habitual en ella— a causa de la formación de cataratas. El impresionista francés Claude Monet (1840-1926) sufrió también cataratas, responsables de que sus pinturas resultasen imprecisas y atenuadas en color. Tras pasar por el quirófano con éxito, sus cuadros recuperaron la vibrante definición y el vigor.

Como atestiguan los ejemplos que exponemos en este artículo, en ocasiones es posible rastrear en grandes obras de arte los efectos de trastornos oculares o cerebrales.

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