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Psicología y cerebro. La tradición española

A la gran aportación española en torno al sistema nervioso, efectuada por Cajal y su escuela, la acompañan otras especulaciones originales sobre la mente y su base biológica, las cuales brotan de la creatividad científica de dos coetáneos: Luis Simarro y Ramón Turró.

En este cuadro aparece Luis Simarro, retratado por Joaquín Sorolla. El neurohistólogo y psiquiatra valenciano fue el primer catedrático de psicología en España. [LEGADO FUNDACIÓN SIMARRO / DOMINIO PÚBLICO]

En síntesis

Nacidos en la generación de 1856, Luis Simarro, Ramón Turró y Santiago Ramón y Cajal pueden considerarse los primeros nombres, y así pioneros, de la psicofisiología española.

Los tres coincidían en que la mente humana resulta de una construcción de experiencias, necesidades y capacidades gracias a la plasticidad del organismo, pero sobre todo, del cerebro.

Cajal elaboró las aportaciones más duraderas a la comprensión de las bases fisiológicas de la mente. El conocimiento actual del sistema nervioso se cimenta sobre su obra.

Dentro del limitado campo de la ciencia española, destaca una tradición interesada en el conocimiento de las relaciones entre mente y cuerpo. Es un tema que aparece y desaparece una y otra vez a lo largo de la historia moderna hasta hoy. Cabría mencionar aquí figuras renacentistas como Luis Vives, Juan Huarte o Miguel Sabuco, y ya en el siglo xix, frenólogos como Mariano Cubí y Soler, o médicos como Pedro Mata.

Sin embargo, hay un hito decisivo, que es la constitución de la psicología como ciencia natural, fuera ya de la filosofía. Solemos atribuir a Wilhelm Wundt esa primacía, al establecer su laboratorio de psicología en la Universidad de Leipzig en 1879, algo que iba a servir de referencia a todo el ámbito de la nueva disciplina. Empezó entonces allí, y pronto en varios otros lugares (por ejemplo, con Théodule Ribot, en Francia, o con William James, en Estados Unidos) un modo de conocimiento nuevo, que aspiraba a ser una ciencia de la mente, al verla como una entidad biológica, fruto de la evolución y causa de los comportamientos adaptativos frente al medio.

En un ambiente de positivismo científico y de revolución industrial, se abría una nueva época para el estudio de las relaciones entre la mente y el cerebro, entre la consciencia y el cuerpo, entre la psique y el organismo. Aunque con limitaciones, también en España se dieron pasos importantes en esa dirección.

Inicios de la tradición española contemporánea

El interés por la nueva psicología surgió pronto aquí. A comienzos del siglo xix, el país se hallaba retrasado en todos los órdenes. Tras el absolutismo de Fernando VII, desde mediados del siglo se inician pasos destinados a recuperar el compás con Europa y elevar el nivel general. Hay un clima agitado e innovador ya en la Primera República (1871), y más sólido y constructivo desde la Restauración, en 1875.

Empieza entonces a dar sus frutos la generación de 1856, la de Santiago Ramón y Cajal, Marcelino Menéndez Pelayo, Leopoldo Alas («Clarín») o Juan Maragall. Algunos intelectuales y profesionales ya habían iniciado antes una aproximación a Europa. Mención singular merece el filósofo Julián Sanz del Río, introductor de la filosofía krausista, originada en Alemania y difundida en otros países europeos. El krausismo trató de unir ciencia y filosofía en su sistema. Estimuló el interés por la ciencia empírica, así como una concepción moral rigurosa acerca del hombre. Buscó, además, una renovación social mediante la educación y la reforma de las actitudes colectivas. Los discípulos de Sanz del Río, y entre ellos Francisco Giner, Gumersindo de Azcárate y Nicolás Salmerón, figuras influyentes en la filosofía, la educación y el derecho, no dejaron de interesarse por las nuevas pers­pectivas científicas, especialmente biológicas, evolucionistas y psicológicas, acerca del hombre. Y con ello se abrieron cauces para la reflexión sobre su mente y cerebro.

Precisamente los investigadores pioneros en este terreno nacen en esa mencionada generación de 1856. Luis Si-marro (1851-1921), Ramón Turró Darder (1854-1926) y Santiago Ramón y Cajal (1852-1934), aunque orientados primariamente hacia la psiquiatría, la biología y la neurohistología, respectivamente, pueden ser considerados como los primeros nombres de la psicofisiología española, y entre sus discípulos habrá quienes profundicen en esta última especialidad. Con todas las limitaciones de una clasificación didáctica, cabe verlos agrupados en dos escuelas o núcleos: uno en Madrid (Simarro y Cajal) y otro en Barcelona (Turró), dos tradiciones en sentido muy laxo, distintas aunque complementarias.

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