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1 de Noviembre de 2014
Neurociencia

Brodmann y la cartografía cerebral

Tras un primer esbozo en 1903, Korbinian Brodmann finalizó seis años después el mapa que permitiría orientarse en la topografía del cerebro y pondría los fundamentos del análisis actual sobre la relación entre estructura y función cerebral. Todavía hoy constituye la lengua franca de la cartografía cortical.

DOMINIO PÚBLICO

En síntesis

El concepto de área cortical o campo cortical hunde su origen en los trabajos de citoarquitectura comparada, acometidos a comienzos del siglo xx.

Entre los anatomistas que sobresalieron en su cultivo destacaron Joseph Shaw Bolton, Oskar y Cécile Vogt, Alfred Walter Campbell y, sobre todo, Korbinian Brodmann.

Todavía se utiliza el mapa de Brodmann para localizar los datos que se obtienen a través de las técnicas de neuroimagen.

La neurociencia ha registrado un crecimiento notorio en los últimos decenios. Unos 10.000 laboratorios repartidos por todo el mundo se dedican a la investigación del cerebro desde distintas escalas espaciotemporales en una amplia diversidad de especies animales. Y más de 50.000 expertos se ocupan de aspectos dispares. También están en marcha grandes proyectos cartográficos: el Mapa de Actividad Cerebral, el proyecto Conectoma Humano, el proyecto Cerebro Humano y el Atlas Allen del cerebro [véase «Objetivo: descifrar el cerebro», por Alison Abbott; Mente y cerebro n.o 65, 2014]. Todos esos avances no hubieran sido posibles sin el advenimiento de novedosas técnicas de neuroimagen no invasivas cuyo desarrollo a lo largo de los últimos treinta y tantos años ha traído una edad de oro de la cartografía cerebral. Pero la búsqueda de subdivisiones cartográficas y funcionales del cerebro, y en particular de la corteza cerebral, ya resultó espectacular en el primer cuarto del siglo xx.

Un médico alemán, Korbinian Brodmann (1868-1918), se hallaba al frente de ese esfuerzo pionero. Se proponía crear un mapa cerebral que fuera más allá de una mera herramienta para la localización; en última instancia, debía servir de base para una teoría comparada y orgánica de la corteza cerebral fundada en las condiciones anatómicas. Hubo, con todo, notables precedentes.

En 1664 se publicaban en el libro Cerebri Anatome, del médico Thomas Willis, las ilustraciones de Christopher Wren (1632-1723), quien se sirvió de una técnica ingeniosa de conservación de tejido y vasos cerebrales para plasmar con nitidez la disposición espacial de los rasgos principales de la anatomía del cerebro. Años más tarde, en 1786, el anatomista y médico francés Felix Vicq d’Azyr (1748-1794) describió las circunvoluciones cerebrales, reseñando las diferencias morfológicas en otros animales. François Magendie (1783-1855), médico que fundara el primer laboratorio fisiológico en Francia, había abundado en el mismo sentido. En los años veinte del siglo xix se acometieron los primeros esfuerzos por poner en correlación la anatomía cerebral con las funciones del cerebro a través de los déficits neurológicos observados en pacientes. A ello contribuyó la obra de Franz Gall, Jean-Baptiste Bouillaud, Robert Todd, Luigi Rolando y otros muchos científicos de la medicina de aquella época. Louis Pierre Gratiolet y François Leuret, neuroanatomistas, cartografiaron los pliegues y fisuras de la corteza cerebral y pusieron nombre a los lóbulos frontal, temporal, parietal y occipital. Sin embargo, el gran paso adelante se dio con los ya clásicos descubrimientos de Paul Broca (1824-1880) y Carl Wernicke (1848-1905), junto con Ludwig Lichtheim (1845-1928).

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