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1 de Julio de 2016
Neurociencia

El cerebro, un órgano personal

Científicos de la Universidad Yale ­confirman que no todos los cerebros trabajan igual: cada uno presenta sus propias características. El estudio allana el camino hacia la neurociencia orientada al individuo.

ISTOCK / MARCHENKOYEVHEN

En síntesis

Mediante resonancia magnética funcional (RMf), los investigadores registran las áreas cerebrales que trabajan de manera sincrónica. De este modo, elaboran un perfil personal de la red de conexiones en el cerebro.

El perfil de conectividad funcional no solo permite identificar a cada persona, sino que también proporciona indicios sobre sus capacidades cognitivas, entre ellas, la inteligencia fluida.

Hasta ahora, muchos estudios con RMf se limitaban a promediar las diferencias entre las mediciones de los probandos de una muestra. En el futuro es probable que los neurocientíficos examinen las características individuales del cerebro con mayor precisión.

Reconocemos a las personas por las facciones de su rostro: la curvatura de los labios, el tamaño de la nariz o la forma y color de sus ojos. También la huella dactilar y el ADN revelan la identidad de cada uno. ¿Se puede añadir el cerebro a esta lista de rasgos únicos e intransferibles?

Desde hace décadas, los investigadores buscan patrones de actividad cerebral que compartan los participantes de sus experimentos; para ello se sirven del escaneo de sus respectivos cerebros. Sin embargo, este objetivo resulta a menudo complejo, puesto que la actividad cerebral de un probando se diferencia de la de otro, aun cuando ambos lleven a cabo la misma tarea en el momento de la evaluación. ¿A qué se debe esa disparidad? ¿Acaso las áreas del cerebro de cada persona se conectan de diferente manera y trabajan juntas de un modo particular? Emily Finn y sus colaboradores de la Universidad Yale decidieron llegar al fondo de la cuestión. En 2015 publicaron los resultados.

Para el estudio, el equipo se basó en los datos del Proyecto Conectoma Humano (HPC, por sus siglas en inglés). A grandes rasgos, este ambicioso proyecto estadounidense pretende elaborar un diagrama de las conexiones del cerebro humano. En el marco del HCP, los científicos escanearon el cerebro de 126 probandos mediante tomografía por resonancia magnética funcional (RMf) a lo largo de dos días consecutivos. En dos ocasiones solicitaron a los individuos que, mientras se hallaban bajo el escáner, dieran rienda suelta a sus pensamientos. Para otras cuatro mediciones les pidieron que efectuaran tareas concretas: debían resolver actividades lingüísticas, evaluar expresiones faciales o mover los dedos de los pies. A partir de los datos obtenidos, el grupo de Finn elaboró una cartografía cerebral que describía el cerebro como una red; también subdividía el órgano en cerca de 270 parcelas (véase el recuadro «Redes mentales»).

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