Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Septiembre de 2014
Neurociencia

Geografía genética del cerebro

Los primeros mapas sobre la actividad de los genes en nuestro cerebro revelan cuán diferentes somos de los ratones y ponen en entredicho la teoría actual sobre el funcionamiento de nuestra materia gris.

CORTESÍA DE ZACH WISE Y NEW YORK TIMES

En síntesis

Tras un descomunal esfuerzo, se ha logrado crear un «atlas» genético de nuestro cerebro. Para ello se ha cartografiado la actividad de todos los genes de seis cerebros humanos adultos.

El nuevo mapa revela profundas diferencias neurobiológicas entre los ratones y los humanos, lo que cuestiona el amplio uso de estos animales como modelo experimental de personas.

El atlas, junto con otros proyectos actuales para cartografiar en detalle la estructura del cerebro, servirá como punto de referencia en la búsqueda de las causas y curas de las enfermedades neurológicas.

A medida que leemos, nuestros ojos recorren esta página en búsqueda de pautas que nuestra mente dota de significado. Mientras tanto, el corazón se contrae y dilata, el diafragma sube y baja para regular la respiración, los músculos de la espalda se tensan para mantener la postura, y miles de otras tareas básicas de la vida consciente y subconsciente siguen su curso, todas bajo el control coordinado de unos 86.000 millones de neuronas y otras tantas células de soporte presentes en nuestro cerebro. Para los neurocientíficos, incluso el sencillo acto de leer una revista constituye una hazaña prodigiosa, tal vez uno de los enigmas más difíciles de resolver. En verdad, no podemos explicar cómo piensa el cerebro humano ni por qué un mono no puede razonar como lo hacemos nosotros.

A pesar de haber estudiado en profundidad el cerebro humano durante más de un siglo, los neurocientíficos todavía nos sentimos como exploradores que acabasen de alcanzar las costas de un continente recién descubierto. Los primeros que lo hicieron trazaron las fronteras y contornos más generales. A inicios del siglo XX, el científico alemán Korbinian Brodmann obtuvo cortes de cerebros humanos y los colocó bajo su microscopio para examinar la corteza cerebral, las capas externas de materia gris que controlan la mayor parte de la percepción, el pensamiento y la memoria. Dividió la corteza en varias docenas de regiones, según la topología del órgano y el aspecto que adquirían las células en cada una de ellas cuando se teñían con diferentes colorantes.

Poco a poco se fue viendo que cada región, cada conjunto de células, se encargaba de una serie concreta de funciones. Algunos pusieron en duda que una función estuviera restringida a una localización. Pero el modelo de parcelación se ha puesto de nuevo de moda con la aparición de nuevas herramientas, especialmente la resonancia magnética funcional (RMf), que registra las partes del cerebro que se «iluminan» (consumen oxígeno) cuando leemos, soñamos o incluso mentimos. Esta técnica se ha empleado para construir mapas que relacionan los datos de la RMf con el comportamiento humano.

Una nueva escuela de pensamiento, sin embargo, postula que el cerebro es más parecido a una red social informal que a una red con una división rígida del trabajo. Según esta visión, las conexiones de una neurona con otras, más que su ubicación, determinan su funcionamiento; y el que presenta cualquier región está muy influenciado por la experiencia pasada y la situación actual. De ser cierta esta idea, se esperaría observar actividad superpuesta entre las regiones cerebrales que controlan distintas tareas. Comprobar esta hipótesis entraña dificultad, ya que los circuitos nerviosos son difíciles de trazar y los miles de millones de neuronas humanas presentan tal vez 100 billones de conexiones, o sinapsis. Pero varios proyectos en marcha están desarrollando nuevas técnicas para llevar a cabo este trabajo.

Artículos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.