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1 de Noviembre de 2015
Historia de la neurociencia

La máquina que pesaba la actividad cerebral

Hace unos 130 años, el psicólogo italiano Angelo Mosso desarrolló un aparato para medir el flujo sanguíneo durante la ejecución de una tarea mental. Las técnicas de neuroimagen actuales se apoyan en el principio básico de ese antiguo invento.

¿Cuanto pesa un pensamiento? La «balanza de la circulación humana» de Angelo Mosso consistía en una báscula de brazos dotada de contrapesos sobre la que una persona yacía inmóvil. Cuando el sujeto llevaba a cabo un ejercicio intelectual (un cálculo mental), se incrementaba el flujo sanguíneo en su cerebro y la balanza basculaba hacia el extremo de la cabeza. Mosso medía las diferencias de peso en gramos. Sin embargo, no podía calcular el volumen de sangre que se redistribuía por el cuerpo. [ANGELO MOSSO]

En síntesis

El médico italiano Angelo Mosso (1846-1910) construyó un ingenioso aparato de laboratorio que permitía medir fenómenos fisiológicos en las personas.

En 1884 construyó una balanza que demostraba el incremento del aporte sanguíneo en el cerebro durante una tarea mental.

Las actuales técnicas de neuroimagen, tales como la tomografía funcional por resonancia magnética, se basan en el mismo principio sobre el que se asienta la «balanza de la circulación humana» de Mosso.

El dispositivo aúlla. Las tablas de madera que conforman su base crujen de vez en cuando. Con razón: sobre ellas yace un hombre adulto. El aparato se asemeja a una balanza. Pero no lo es; al menos no una convencional.

En 1884, Angelo Mosso (1846-1910), investigador italiano pionero de la neurología moderna, construyó la «balanza de la circulación humana». Mosso, persona razonable y práctica, estaba ­convencido de que el aporte sanguíneo a la cabeza se hallaba íntimamente relacionado con la función cerebral. Su báscula serviría para demostrar la relación entre el flujo de sangre en el cerebro y el rendimiento cognitivo.

En su laboratorio de Turín, las personas se acostaban sobre el invento. Permanecían alli tumbadas, inmóviles, durante unos minutos hasta que la balanza se quedaba en equilibrio. Cuando el investigador pedía a los probandos que solucionaran mentalmente un cálculo matemático, la parte del dispositivo que ocupaba la cabeza de la persona acostada se deslizaba hacia abajo. Para proporcionar al cerebro suficientes oxígeno y energía durante el ejercicio cognitivo, el cuerpo bombeaba un aporte adicional de sangre. Esa cantidad mínima de flujo extra parecía suficiente para que la balanza se desequilibrara.

Todos los experimentos actuales con técnicas de neuroimagen se basan en la idea principal de Mosso: las diversas actividades mentales (pensar y percibir, entre otras) se hallan relacionadas con el suministro de sangre al cerebro. Hoy en día, los neurólogos se sirven de la tomografía funcional por resonancia magnética para medir la irrigación sanguínea de las distintas regiones cerebrales y relacionarla con actividades psíquicas concretas.

En su época, los registros gráficos de Mosso despertaron entusiasmo entre la población: pronto se podrían descifrar los misterios de la psique mediante investigaciones fisiológicas. En 1908, se le propuso como candidato para el premio Nobel de medicina.

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