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1 de Julio de 2008
Depresión

Depresión postparto

Junto a la natural alegría por la maternidad, una mujer de cada siete sufre depresiones y temores durante el año siguiente al parto. Debe recibir tratamiento, del que se beneficiará también el bebé.

GEHIRN UND GEIST / CHRISTINA HOF

En síntesis

La depresión posparto constituye un trastorno depresivo grave y de larga duración; se presenta en el primer año tras el nacimiento del bebé.

Si no se trata a tiempo, la depresión posparto puede afectar la relación entre madre e hijo. El tratamiento debe acompañarse de psicoterapia.

Muchas afectadas tienen la sensación de que fracasan como madres, no disfrutan con su bebé y se muestran irritables, entre otros síntomas.

«Por favor, ahora juegue durante dos minutos con la niña. Le avisaremos cuando tenga que acabar.» La psicóloga sonríe a Manuela S.* animándola­. En la estancia, dos cámaras filman las expresiones de la joven madre y de su hija de tres meses. En la habitación contigua aparece en una pantalla de un televisior una doble imagen: en la de la izquierda se distingue la cara, de perfil, de la madre de 30 años; en la de la derecha, una amplia vista de la lactante recostada en una sillita.

En principio, Manuela S. adopta una actitud ambigua. Luego empieza a hablarle en voz baja a la niña. Su mímica carece de expresividad. La niña agita bracitos y piernas, dirige una breve mirada a su madre y luego deja de hacerle caso. La mujer termina por enmudecer, con la mirada insegura y perdida en la lejanía, como si buscara algo que le indique lo que debe hacer. Inconscientemente, coge con una mano el pie de la pequeña. La psicóloga llama a la puerta. La sesión ha terminado.

Le sucede a menudo en las últimas semanas: se siente triste. Desde el alumbramiento se nota agotada, con un gran vacío interior. Diríase que la niña le hubiera absorbido todas sus energías. A veces, cuando la pequeña llora sin tregua, preferiría dar un portazo y desaparecer. La situación se torna exasperante cuando el marido se va de viaje de negocios durante varias semanas. En cierta ocasión, temió incluso que le asaltara la idea de hacerle algo a su hija. Pero no se atrevía a hablar de sus temores.

Todos la envidiaban por su preciosa hija. Como joven madre, debería sentirse contenta. Hasta que, atormentada por el insomnio y por el sentimiento de culpabilidad por no proporcionarle a la niña suficiente amor, acudió al médico de familia, quien la remitió al especialista. La mujer estaba al borde de agotar todas sus fuerzas, no solo físicas, sino también psíquicas. Así entró en contacto con la Unidad Madre-Hijo de la Clínica Psiquiátrica de Heidelberg.

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