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Actualidad científica

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  • Mayo/Agosto 2016Nº 14

Neurología

Neuromodulación contra la depresión resistente

La estimulación cerebral profunda se presenta como un tratamiento para la depresión que no responde a las terapias actuales. Los electrodos actúan como un marcapasos cerebral que regula las emociones alteradas.

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El sufrimiento que produce una depresión es a veces inconmensurable. Quienes la padecen atestiguan que no puede compararse a ninguna otra experiencia: ni a los dolores de un parto ni a las algias producidas por lesiones de un plexo nervioso ni a cosa parecida. A ello se suma que el padecimiento y la discapacidad de una depresión no poseen, ni para el que la padece ni para su entorno, sentido alguno.

El dolor de tibia tras una fractura, el articular de la artritis reumatoide o la migraña pueden explicarse por sus causas. En una enfermedad que se caracteriza por el sufrimiento en estado puro y sin sentido, ese tipo de explicaciones no funcionan. Aun así, no es extraño que, en su mejor voluntad, allegados y amigos insistan a la persona deprimida a que se divierta, a que recupere la vitalidad perdida. Lo único que consiguen con ello es acrecentar el sufrimiento.

Desde hace decenios existen tratamientos para los trastornos depresivos, sean del tipo que sean. La farmacología es la base de la mayor parte de las indicaciones, pero también se cuenta con técnicas psicológicas de diversa naturaleza: unas destinadas a evitar las situaciones estresantes o a aumentar la capacidad de afrontarlas, otras biológicas, como la privación de sueño, la fototerapia o la estimulación magnética transcraneal. A través de una o con la combinación de varias de ellas, la mayoría de los pacientes se recuperan antes o después.

No obstante, mecanismos neurotóxicos como los que se presentan en otras enfermedades (entre ellas, los trastornos neurodegenerativos precedidos durante un tiempo por una sintomatología depresiva) impiden que la afirmación anterior se mantenga en todo su alcance. En cambio, resulta frecuente que un psiquiatra refiera pacientes que, tras años de sufrimiento, se han recuperado «como por encanto». Hace casi cien años, antes de que hubiera tratamientos eficaces, se describieron casos de personas que tras tres, cuatro o más decenios de internamiento en un hospital psiquiátrico, un buen día amanecieron estables, pidieron el alta médica y fueron capaces de reanudar una vida normal.

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