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1 de Mayo de 2013
Psicología

Suicidio

Desde hace decenios, médicos y psicólogos indagan los factores de riesgo de la conducta suicida. ¿Por qué ciertas personas solo ven una salida en la muerte?

ISTOCKPHOTO / JAMES STEIDL

En síntesis

Muchos casos de suicidio podrían evitarse si allegados y médicos fueran capaces de detectar a tiempo las señales de aviso.

Uno de los principales factores de riesgo son los trastornos psiquiátricos (en especial la depresión), pero existen circunstancias vitales que aumentan el riesgo.

Las enfermedades somáticas graves y las experiencias críticas pueden elevar la incidencia de muerte voluntaria.

Cada año se quitan la vida unas 900.000 personas en todo el mundo, cifra que sitúa el suicidio en una de las tres primeras causas de muerte entre los habitantes de entre 15 y 44 años, indican los datos de la Organización Mundial de la Salud. Entre los factores importantes que se relacionan con la conducta suicida se encuentran la vulnerabilidad genética y psiquiátrica, así como factores fisiológicos, familiares, sociales y culturales. Los efectos de contagio de los medios de comunicación también parecen relevantes, donde Internet desempeña hoy por hoy un importante papel, afirma Keith Hawton, del Centro para la Investigación del Suicidio de la Universidad de Oxford, junto con sus colaboradores en un estudio publicado en 2012 en la revista The Lancet.

Desde hace decenios, médicos y psicólogos desarrollan una búsqueda sistemática de los factores de riesgo para la conducta suicida, es decir, de las circunstancias vitales que ocasionan un aumento de la cifra estadística de suicidios. En última instancia, acabar con la propia vida obedece a una combinación muy personal de motivos. Sin embargo, el conocimiento de los factores de riesgo puede aportar pistas valiosas para saber hasta qué punto una persona es capaz de suicidarse.

Para interpretar el fenómeno desde un punto de vista matemático o científico se precisan estudios extensos, los cuales deben basarse en la observación de una muestra amplia, aleatoria y representativa de la población. A partir de allí deben tomarse periódicamente datos sobre las relaciones vitales y la salud de los sujetos a lo largo de años o decenios. Si alguno de los participantes ha intentado quitarse la vida durante el período de estudio, se compara su situación con la del resto de los miembros de la muestra aleatoria: ¿padecía alguna enfermedad grave?, ¿tenía grandes deudas?, ¿sufrió una ruptura matrimonial en fecha reciente?

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