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1 de Mayo de 2016
Psicopterapia

Terapia metacognitiva contra la depresión

Las personas con depresión y ansiedad suelen sentirse estancadas. La terapia metacognitiva los ayuda a reconducir los pensamientos.

ISTOCK / YULKAPOPKOVA

En síntesis

La terapia metacognitiva (TMC), junto con el procedimiento basado en la consciencia plena, pertenece a la tercera generación de la terapia conductual. Adrian Wells, de la Universidad de Manchester, desarrolló la TMC a mediados de los años noventa para tratar los trastornos de ansiedad y depresión.

A partir de tres métodos, los pacientes aprenden a dirigir su atención de manera flexible y a salir del círculo vicioso de sus preocupaciones y cavilaciones.

Se está estudiando el uso de la TMC para tratar otras psicopatologías, entre ellas, la esquizofrenia, el trastorno por estrés postraumático, las alteraciones del sueño y los trastornos de la conducta alimentaria.

Se propone una tarea abstracta: piense sobre cómo reflexiona acerca de sus pensamientos. Este objeto de estudio tan difícil de abordar se denomina metacognición y es el campo de estudio de Adrian Wells, profesor de psicopatología en la Universidad de Manchester.

El aspecto de este psicólogo británico de tez pálida y con gafas sin montura sobre la nariz recuerda a un distinguido burócrata antes que a un «cazador» de pensamientos abstractos. El origen de su interés por la peculiar «presa» lo desveló en mayo de 2015 en el Congreso mundial de terapias cognitivas que se celebraba en Boston. «En los años ochenta tuve la suerte de trabajar junto con Aaron T. Beck, fundador de la terapia cognitiva», explicó. Durante esa experiencia se percató de que faltaba una conexión entre la psicología cognitiva y su práctica; a su entender, el concepto de intervención no se basaba en un conocimiento hondo de los procesos cognitivos. Esa percepción impulsó la idea de un modelo metacognitivo del trastorno con el que tender un puente entre ambas disciplinas.

Según define Wells, las metacogniciones abarcan, por un lado, las creencias sobre nuestros pensamientos, y por otro, las estrategias que empleamos para manejarlas. Siguiendo su concepción básica, los trastornos psicológicos se desarrollan cuando las metacogniciones son erróneas e inflexibles. Dicho de otro modo, cuando el interruptor mental se encalla en una situación problemática.

A mediados de los años noventa, Wells desarrolló la terapia metacognitiva (TMC) a partir de esta idea. En un primer momento, este método terapéutico iba dirigido a tratar los problemas de depresión y ansiedad. Desde su planteamiento, el núcleo común en ambos trastornos conforma el síndrome cognitivo atencional (cognitive attentional sindrome), el cual se debe a un error al focalizar la atención. Los afectados recurren una y otra vez a problemas pasados o próximos: cavilan constantemente, no cesan de preocuparse o tratan de reprimir en vano los pensamientos sobre un daño inminente o una derrota pasada. Según Wells, el origen de este estado mental persistente se halla en las metacogniciones («Si continúo dándole vueltas al problema, quizá pueda resolverlo»).

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