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Actualidad científica

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  • Enero/Abril 2018Nº 19

Aprendizaje

Aprender a través de la exploración táctil

El sentido del tacto ayuda a los niños a construir ideas abstractas a partir de experiencias concretas. También favorece el pensamiento simbólico, capacidad esencial para el apredizaje del lenguaje y las matemáticas.

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Una noche, mientras uno de nosotros (Colosi) preparaba la cena, Gianna, su hija de seis años, apareció con diez pequeños trozos de papel en la mano. Explicó que había estado haciendo los deberes y que cada uno de los pedacitos contenía una de las palabras que debía aprender. Cuando su madre le preguntó por qué había desmenuzado la lista de vocablos, la niña respondió encogiéndose de hombros: «Así puedo hacer cosas con ella». Para Gianna, los conceptos abstractos se comprenden mejor cuando los transforma en objetos físicos. En este caso, se trataba de pedazos de papel que podía sostener, sentir y manipular.

La conexión entre el tacto y la comprensión es instintiva: comienza en la infancia y continúa, de forma diversa, a lo largo de toda la vida. Diferentes experimentos han demostrado que el sentido del tacto es tan importante como la vista para aprender y retener información. También se sabe que las actividades táctiles (jugar con bloques de madera, por ejemplo) ayudan a los niños a mejorar desde las habilidades matemáticas hasta las capacidades de razonamiento. Somos arquitectos del conocimiento: construimos edificios intelectuales a partir de experiencias físicas.

Muchas escuelas todavía basan sus currículos en el viejo paradigma de que el conocimiento fluye de un instructor experto a un estudiante pasivo. Esta forma de enseñanza predomina, sobre todo, después de la educación preescolar, es decir, desde la escuela primaria hasta el bachillerato, período en el cual la instrucción se apoya menos en la exploración práctica y más en la pura memorización para obtener buenos resultados en los exámenes. En contraste, la háptica (el estudio de cómo el sentido del tacto influye en la interacción de las personas con el entorno) sugiere que si los educadores estimularan todos los sentidos de sus estudiantes, estos no solo aprenderían más; también razonarían mejor.

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