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1 de Enero de 2011
Desarrollo infantil

Los años sensibles

Los niños que crecían en una institución pública rumana iniciaban la vida con grandes desventajas. Cuanto antes encontraban una familia adoptiva, mayor probabilidad para superar sus carencias emocionales y cognitivas. El estudio de los huérfanos sociales ayuda a entender el cerebro en desarrollo

Michael Carroll Photography / American Scientist

En síntesis

Los niños de los orfanatos rumanos creados por Ceausescu en los años sesenta presentaban problemas cognitivos debido a la poca estimulación ­sensorial y emocional.

Muchos aspectos del desarrollo sensorial, cogni­tivo, lingüístico y socioemocional dependen de ­experiencias durante los períodos sensibles.

El Proyecto de Intervención Temprana de Bucarest, iniciado en el año 2000 en Rumanía, investiga los efectos del acogimiento familiar de calidad.

En 1989, Nicolai Ceausescu, dictador comunista que había gobernado Rumanía durante 24 años, fue ejecutado por un pelotón de fusilamiento. Una revolución posterior dio paso a un nuevo gobierno. A la sazón, el inquisitivo Occidente pasó a explorar un país hasta entonces escondido del mundo. Se descubrieron cerca de 170.000 niños abandonados en unas instituciones públicas languidecientes. La mayoría eran «huérfanos sociales», niños y niñas entregados por familias pobres, aunque también abundaban los niños necesitados de cuidados médicos, abandonados por el estigma de sus enfermedades o porque sus padres no podían hacerse cargo de ellos.

¿Cómo ocurrió esta tragedia? En 1966, Ceausescu decidió que la mejor manera de convertir a Rumanía en un país poderoso era aumentando su producción económica. Para conseguirlo pensó que hacía falta capital humano. Así pues, decidió ilegalizar la contracepción, prohibir el aborto y agravar impuestos a las familias que tuvieran menos de cinco hijos. La tasa de natalidad se disparó e irradió la pobreza. Muchas familias no podían mantener a todos los hijos que les obligaban a procrear, por lo que Ceausescu desplegó una red de instituciones en las que prometió criar a los niños abandonados. Más que una práctica estigmatizada, el abandono de niños pasó a contar con la aprobación implícita de la sociedad: fue un cambio cultural en Rumanía. El número de niños ingresados en instituciones desde pequeños fue en aumento. Los padres mantenían lazos legales con ellos, algunos los visitaban, sin embargo un gran número de los progenitores simplemente desaparecieron de la vida de sus hijos.

Poco después del golpe de Estado de 1989, los medios de comunicación occidentales documentaron las terribles condiciones de estas instituciones. Se encontró a los niños pequeños confinados en cunas, con la ropa de cama sucia y poca estimulación sensorial. En cualquiera de las instituciones, el promedio de niños pequeños a cargo de un cuidador era de 15. El personal a menudo presentaba un bajo nivel educativo, además de carecer de formación en el desarrollo infantil. Imperaba la disciplina. Para ir al baño, se sentaba a los niños en filas de orinales de plástico. Todos ellos llevaban cortes de pelo similares (independientemente del sexo), misma vestimenta y se les alimentaba en horario fijo, de forma silenciosa y mecanizada. La alimentación era inadecuada. En algunas instituciones, los más mayores sufrían abusos físicos o sexuales.

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