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  • Enero/Abril 2018Nº 19

Neurología

Secuelas del nacimiento prematuro

Cada vez sobreviven más bebés nacidos antes de que ­termine su período de gestación. No obstante, apenas se conocen los efectos que esta circunstancia tiene en el desarrollo mental posterior del bebé.

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Fabienne sigue sin saber por qué su parto se anticipó tres meses. En junio de 2007, en una tarde tranquila, empezó a sufrir contracciones cada vez más intensas y frecuentes. Tuvieron que trasladarla a toda prisa al hospital más próximo, en una zona rural cercana a Lausana, en Suiza. Su hijo Hugo nació a las 26 semanas de gestación (un embarazo normal dura unas 40 semanas). Pesaba 950 gramos. De inmediato trasladaron al neonato a la zona de cuidados intensivos. Tres días después, los médicos informaron a los padres de que, según las ecografías, el niño había sufrido una grave hemorragia cerebral a causa de la fragilidad de sus vasos sanguíneos todavía inmaduros. «Rompí a llorar», recuerda Fabienne.

El pronóstico del niño era grave: corría un riesgo elevado de sufrir una parálisis cerebral, afección neurológica que puede provocar discapacidades graves para siempre. El matrimonio estuvo de acuerdo en evitarle ese futuro a su hijo. «No dudamos en explicar a los médicos que no deseábamos someter al niño a intervenciones agresivas para que viviera. Sus rostros expresaron alivio», recuerda Fabienne. Para ella, esa noche fue la más angustiosa de su vida.

Al día siguiente, antes de cambiar el tratamiento de Hugo, los médicos propusieron al matrimonio una nueva opción para confirmar el diagnóstico: efectuarían un escáner cerebral por resonancia magnética (RM) al bebé. Esta técnica, adaptada en fecha reciente para neonatos prematuros, permitiría pronosticar el riesgo de parálisis cerebral con mayor exactitud que con ecografías, método que produce un elevado índice de falsos positivos. Las neuroimágenes por RM del cerebro de Hugo mostraron que las lesiones provocadas por la hemorragia cerebral eran más reducidas de lo que creían, por lo que el riesgo de que sufriera una parálisis cerebral se antojaba relativamente bajo. Veinticuatro horas después de haber decidido poner fin a la vida del niño, los padres de Hugo tomaron la decisión contraria: debían tratar de salvarle.

Gracias a los progresos que la medicina ha experimentado en los últimos 40 años, están aumentando las probabilidades de que los neonatos prematuros (nacidos antes de las 37 semanas de gestación) sobrevivan. Incluso en algunos hospitales se intenta salvar a bebés con tan solo 22 semanas de gestación. Con todo, estos avances imponen a los padres y los médicos difíciles decisiones, puesto que las probabilidades de que el niño sufra discapacidades graves crónicas aumentan con el grado de prematuridad. La parálisis cerebral afecta al 9 por ciento de los bebés nacidos antes de las 32 semanas, porcentaje que asciende al 18 por ciento en los que nacen a las 26 semanas. En comparación, la cifra de niños con parálisis cerebral tras el período de gestación normal comprende entre el 1 y el 2 por ciento.

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