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1 de Febrero de 2012

El hipocampo, un enigma por resolver

Pese a que el hipocampo del cerebro debe su nombre al caballito de mar, poco se asemeja a dicho ser marino. Hoy en día esta región cerebral cuenta como una de las estructuras del encéfalo más investigadas.
Tamás Sebesteny, Cortesía de Helmut Wicht (cerebro); NOAA / Mohammed al Momany (caballito de mar)
Dos imágenes, dos hipocampos: a la derecha, un pez teleósteo; a la izquierda, marcada con cifras y letras, una región cerebral. ¿Qué les relaciona? Probablemente su forma. Fíjese bien, ¿reconoce la silueta del caballito de mar en el corte coronal de un encéfalo humano? Yo, sinceramente, no.
En cambio, Julio César Arancio fue de otro parecer. El catedrático de anatomía de Bolonia, quien viviera entre 1530 y 1589, preparó posiblemente un cerebro a semejanza del que aparece sobre estas líneas; tal fue la imagen que contempló, pues. Corría el año 1579. Arancio prefirió dejar constancia del área encefálica que observaba de su puño y letra en la obra Observationes anatomicae a elaborar una didáctica ilustración sirviéndose de un grabador de cobre. Sus palabras fueron:
«En la base de los ventrículos, en concreto sobre las porciones mediales, se erige [...] una sustancia nítidamente blanca que se levanta a modo de pedestal desde la superficie inferior, y que se prolonga con un cuerpo en forma de arpa o de caparazón de tortuga, para terminar de forma irregular [...] en sentido frontal; en conjunto, esta figura arqueada recuerda a un hipocampo, o caballito de mar, o mejor aún, a un gusano de seda [...]».
Asombra la cantidad de siluetas que Arancio creyó reconocer en la estructura cerebral: un pedestal, un arpa, un caparazón de tortuga, un caballito de mar que más bien parecía un gusano de seda... Los anatomistas actuales continúan refiriéndose a caballitos de mar, arpas y bóvedas. Acerquémonos a esta ambigua formación.

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