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1 de Marzo de 2014
Percepción

El olor del miedo

Al igual que otros animales, los humanos podemos oler el temor en nuestros congéneres. Una serie de sustancias del sudor corporal transmiten el mensaje. También modifican la propia conducta sin que seamos conscientes de ello.

El miedo y el pánico generan gotas de sudor en nuestra piel. Hoy se sabe que estas secreciones llevan sustancias que ponen en estado de alerta a las personas que nos rodean. [FOTOLIA / PATY WINGROVE]

En síntesis

El sudor que causa el miedo contiene sustancias que las demás personas reconocen sin darse cuenta.

Cuando sentimos un temor profundo, enviamos un mensaje de alarma oloroso a nuestros congéneres, quienes perciben la advertencia de peligro a través del sentido olfativo.

Los sujetos advertidos pueden reaccionar de forma combativa o defensiva, dependiendo de la situación.

En el mundo de los insectos, cuando las larvas de chinche de encaje de la berenjena (Garga­phia solani) se ven atrapadas por una mariquita hambrienta o un escarabajo voraz transmiten un olor de alarma. Ciertas glándulas alojadas en la parte posterior de su cuerpo segregan de inmediato la sustancia de alerta característica en la especie, el geraniol. Al instante, los congéneres que se encuentran en las inmediaciones saben del peligro, de manera que se dan raudos a la fuga. Entre los mamíferos, el ciervo mulo de Norteamérica, si se siente amenazado, desprende una secreción con un fuerte olor a ajo, aroma que eleva el estado de alerta del resto del rebaño.

En el reino animal existen múltiples ejemplos de especies que se sirven de sustancias corporales olorosas como señal de alarma en situaciones de peligro. En general, este tipo de mensajes solo los perciben los animales de la misma especie. Cuando una rata huele el aire de una habitación en la que se ha sometido a una compañera a un estado de pánico mediante una sesión de electrochoques, aumentan su temperatura corporal y el miedo. Sin embargo, la transpiración de una rata asustada no ejerce efecto alguno sobre otras especies de roedores.

Los investigadores sugieren que los mamíferos perciben las señales invisibles gracias a una parte del cuerpo concreta, el órgano vomeronasal. Este capta, gracias a unas pequeñas aperturas en el tabique nasal, las moléculas mensajeras que se transmiten por el aire. Una rata a la que se le ha extraído dicho órgano mediante cirugía no reacciona ante el olor de un congénere preso del miedo.

También los humanos desarrollamos un órgano vomeronasal durante el estado embrionario. No obstante, este parece perder su función antes de nacer, pues las células receptoras mueren. De todos modos, las personas podemos intercambiar mensajes químicos mediante un segundo grupo de receptores que se alojan en la mucosa nasal, según hallaron en 2006 los fisiólogos Linda Buck y Stephen Liberles, del Instituto Médico Howard Hughes, en Estados Unidos.

A diferencia de los receptores olfatorios con los que percibimos todo tipo de olores, estas estructuras receptoras reaccionan sobre todo ante las feromonas (sustancias químicas para la comunicación entre individuos de la misma especie). ¿Percibimos los humanos el miedo de nuestros iguales a través de la nariz? Muchas personas aseguran que pueden distinguir el olor a sudor frío. Hace más de un decenio que se ha confirmado esta capacidad.

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