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Mi avatar, mi mentor

La observación de un sosias digital puede cambiar nuestra mente... para bien o para mal.

Getty Images / joruba / iStock

En síntesis

Mediante fotografías digitales, los avatares-sosias pueden aproximarse al aspecto de sus usuarios; al hacerlo, ejercen poderosos efectos sobre ellos.

Una persona puede mejorar sus destrezas sociales mediante la observación de un sosias virtual: este puede aliviar las ansiedades y ayudar a adoptar un estilo de vida más sano o a tomar decisiones financieras.

Los avatares-sosias pueden imbuir nuevas preferencias en sus usuarios o implantarles falsos recuerdos.

Es hora punta. Su cafetería favorita rebosa de clientes apresurados y usted se encuentra atrapado y apretujado en una cola que avanza lentamente. Cada vaivén, cada empujón de la masa humana, torna más aguda la claustrofobia que padece, ya grave de por sí. Le falta el aire, abre la boca, jadea. El corazón late alocado; solo piensa en huir.

No obstante, se obliga a sí mismo a quedarse. Logra usted tal hazaña porque, físicamente, no se encuentra allí. Está viviendo la situación por mediación de un avatar, un sosias electrónico que le representa en un ambiente virtual. De vivirla realmente, no habría sido capaz de llegar hasta la barra en hora punta: habría salido disparado hacia la puerta, bañado en sudor. Pero mediante un ordenador sí puede lograrlo. La experiencia de ver a su doble virtual llegar indemne y sin tropiezos hasta la cabeza de la cola ficticia y pedir una bebida simulada posee, no obstante, la suficiente realidad —o así lo sugieren las investigaciones— para ayudarle a afrontar esta clase de situaciones en el mundo real.

Los avatares de los videojuegos no suelen parecerse a las personas que los controlan. En planteamientos virtuales, como World of Warcraft, pueden adoptar formas monstruosas o ser gnomos, elfos y otras fantásticas criaturas. Sin embargo, gracias a fotografías digitales, los avatares pueden remedar de cerca el aspecto de sus usuarios, además de ejercer poderosos efectos sobre ellos.

La observación de un avatar que se nos parezca puede influir en nuestro pensar, sentir y actuar, a menudo, para mejor. El fenómeno se conoce como «efecto sosias» o «mi otro yo». Dos o tres minutos de observación de nuestra representación virtual (una especie de fotografía que habla y deambula) pueden bastar para cambiar el estado de ánimo, mejorar la conducta en una situación social, aliviar la ansiedad, modificar la opinión que nos merecen personas o productos, facilitar la adopción de otro estilo de vida o tomar decisiones financieras más acertadas.

Virtualidad viva

Encontramos en el pasado precursores del efecto sosias. A lo largo de decenios, e incluso siglos, educadores y psicoterapeutas se han servido de muñecos para explicar a sus alumnos o pacientes comportamientos nuevos o más apropiados. Los individuos digitales aparecieron hace algo menos de treinta años como personajes virtuales de la televisión, el cine o los videojuegos. Hace unos ocho o diez años, juegos como Los Sims y Second Lifese distinguían por el mayor realismo de sus avatares, mucho más parecidos a personas, y que el jugador podía modelar a su gusto.

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