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1 de Septiembre de 2013
PERCEPCIÓN

El origen de los olores

No solo en la nariz. Los receptores olfativos se alojan también en lugares insospechados del cuerpo humano; entre ellos, la próstata y el intestino grueso.

FOTOLIA / MEDDY POPCORN

En síntesis

Las personas poseemos alrededor de 1000 genes para los receptores olfativos, aunque solo funcionan 350 de ellos.

Se han descubierto genes activos para los receptores olfativos situados lejos de la nariz, en lugares como los riñones, los testículos o el intestino grueso.

Los nuevos hallazgos sobre la olfacción podrían abrir camino a medidas terapéuticas innovadoras.

Con cada inspiración nos llegan mensajes de nuestro entorno. Sea una rosa o una pieza de pescado podrido, la nariz registra las moléculas aromáticas y transmite al cerebro las informaciones pertinentes. Ello ocurre a la velocidad del rayo, a todas horas, y nos puede salvar la vida. Ante un incendio que se desata o un alimento en malas condiciones, nuestro sentido de la olfacción se adelanta incluso a los ojos o los oídos para avisarnos del peligro.

¿Qué sucede exactamente cuando olemos? El sentido del olfato se encuentra situado en un área de la mucosa de unos cinco centímetros cuadrados, en la parte más alta de las fosas nasales. Los humanos poseemos cerca de 10 millones de células nerviosas especializadas (células olfativas), cuyas prolongaciones alcanzan el bulbo olfatorio cerebral. Sin embargo, hasta hace poco seguían desconociéndose los procesos que discurren en estas células sensoriales.

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